Antonio Díaz
Poeta recién llegado
Y es que fue
esa sonrisa
que no decía nada claro.
Ritmos líricos, vacíos
escondidos en compases cerrados.
El tiempo que discurría
volando hacia otros besos.
Siluetas ajadas de luz, costumbres y sueños
Solo besos, hundiéndose
en lo más hondo de mi vaso.
Gaviotas buscando un cobijo,
para mantenerse a salvo.
Versos inacabados
que ofrecían tanto y tan poco
Cartas de amor vacías,
sin palabras, destino, ni pecado.
El camino bloqueado,
sin posibilidad de salida.
Brotes de esperanza en cada vena,
que se dio por perdida.
Un manantial seco
sin luz, ni reflejo.
Un otoño eterno,
aguardando a este tétrico árbol viejo.
Pues fue ese todo y ese nada
que sigue latiendo.
Ese arduo futuro cerrado,
y ese gélido pasado abierto.
Y yo un desamparado banco vacío
con un espacio en mi asiento.
Este melancólico poema dolido,
que esta noche se va con el viento.
que no decía nada claro.
Ritmos líricos, vacíos
escondidos en compases cerrados.
El tiempo que discurría
volando hacia otros besos.
Siluetas ajadas de luz, costumbres y sueños
Solo besos, hundiéndose
en lo más hondo de mi vaso.
Gaviotas buscando un cobijo,
para mantenerse a salvo.
Versos inacabados
que ofrecían tanto y tan poco
Cartas de amor vacías,
sin palabras, destino, ni pecado.
El camino bloqueado,
sin posibilidad de salida.
Brotes de esperanza en cada vena,
que se dio por perdida.
Un manantial seco
sin luz, ni reflejo.
Un otoño eterno,
aguardando a este tétrico árbol viejo.
Pues fue ese todo y ese nada
que sigue latiendo.
Ese arduo futuro cerrado,
y ese gélido pasado abierto.
Y yo un desamparado banco vacío
con un espacio en mi asiento.
Este melancólico poema dolido,
que esta noche se va con el viento.