Itamar
Poeta asiduo al portal
Los ríos se llueven en los poros
desde que el amanecer camina entre la luna;
mío, el que muerde mis hechizos, el príncipe
de papel de seda, el que denota, el que palpita.
Se fuga la erosión que lavaba la miseria
de su avaricia congelante, del cuerpo estático de la luna
en año bisiesto, el atardecer que perfora; tórrido asfixiar
de la espuela afilada, de la sombra sin compañía.
Socavado agite insatisfecho, muda y retuerce la voz
bajo las mantas sin malecones, que recogen vacíos
hundidos de hojas sin pétalos; embarcadero vacila
al crepúsculo y a la luz azul transparentada al cuerpo.
Vértebras a oscuras se despiertan, vigilan la llegada,
lamen el dulce de la esperanza; diáfano y moribundo
escupitajo de suerte, flores apagadas de un corazón
que araña el zócalo en arenas movedizas.
Entendido el trepar yerto de tu blanco color; ausencia.
Vacío bisiesto, vacío hundido
vacío blanco.
desde que el amanecer camina entre la luna;
mío, el que muerde mis hechizos, el príncipe
de papel de seda, el que denota, el que palpita.
Se fuga la erosión que lavaba la miseria
de su avaricia congelante, del cuerpo estático de la luna
en año bisiesto, el atardecer que perfora; tórrido asfixiar
de la espuela afilada, de la sombra sin compañía.
Socavado agite insatisfecho, muda y retuerce la voz
bajo las mantas sin malecones, que recogen vacíos
hundidos de hojas sin pétalos; embarcadero vacila
al crepúsculo y a la luz azul transparentada al cuerpo.
Vértebras a oscuras se despiertan, vigilan la llegada,
lamen el dulce de la esperanza; diáfano y moribundo
escupitajo de suerte, flores apagadas de un corazón
que araña el zócalo en arenas movedizas.
Entendido el trepar yerto de tu blanco color; ausencia.
Vacío bisiesto, vacío hundido
vacío blanco.