Pedro Darquea
Poeta asiduo al portal
Ahora le abro los brazos a la vida,
y me entrego a la luz que ilumina cada día,
porque cuando siento que se me desgarra el corazón,
es cuando debo gritar.
Ser valiente ya no sirve,
lo único útil es la sinceridad,
como cuando quedarse callado no es fácil,
pero es más difícil no hacerlo.
Si mis ojos quieren soltar una lágrima,
no los reprimiré, porque son libres de conocer su derecho a la libertad.
Y, si las manos caminaran, como quieren hacerlo,
y los pies cargaran y construyeran, como quieren hacerlo,
tal vez así, el cielo tocaría la tierra,
y todos marcaríamos nuestros pasos sobre las nubes,
impartiendo justicia e igualdad en cada hogar y en cada oficio,
castigando y esclavizando a todo lo innecesario
que alguna vez se impuso en contra del hombre bueno.
El montón se volvió ciego y necio,
y dejó mínimas alternativas de cambio,
en seres que parecen estar perdidos, escondiéndose,
desperdiciando sus palabras en el aire.
Afortunadamente las palabras son reciclables,
y se pueden reusar en cualquier momento, convertidas en acciones.
Así, surge esta vaga advertencia:
-Cuidado, porque hay algunos que ya estamos cabreados-.
Cuenca, 2012.
Copyright. Todos los derechos reservados.
y me entrego a la luz que ilumina cada día,
porque cuando siento que se me desgarra el corazón,
es cuando debo gritar.
Ser valiente ya no sirve,
lo único útil es la sinceridad,
como cuando quedarse callado no es fácil,
pero es más difícil no hacerlo.
Si mis ojos quieren soltar una lágrima,
no los reprimiré, porque son libres de conocer su derecho a la libertad.
Y, si las manos caminaran, como quieren hacerlo,
y los pies cargaran y construyeran, como quieren hacerlo,
tal vez así, el cielo tocaría la tierra,
y todos marcaríamos nuestros pasos sobre las nubes,
impartiendo justicia e igualdad en cada hogar y en cada oficio,
castigando y esclavizando a todo lo innecesario
que alguna vez se impuso en contra del hombre bueno.
El montón se volvió ciego y necio,
y dejó mínimas alternativas de cambio,
en seres que parecen estar perdidos, escondiéndose,
desperdiciando sus palabras en el aire.
Afortunadamente las palabras son reciclables,
y se pueden reusar en cualquier momento, convertidas en acciones.
Así, surge esta vaga advertencia:
-Cuidado, porque hay algunos que ya estamos cabreados-.
Cuenca, 2012.
Copyright. Todos los derechos reservados.
Última edición: