Vagabundo

kailos

Poeta recién llegado
Allí se encontraba,
moribundo en posición fetal,
el pobre anciano que vio sus días pasar por las frías calles.

Nadie le hacía caso,
otro vagabundo más,
el pobre marinero con miles de historias y sueños bajo sus arapos caí en el sueño eterno.

El barquero llegó y le puso las dos monedas,
pero antes de embarcar a la otra orilla,
su alma invisible, insensible e intocable viajo unas pocas leguas para ver a su amada,
apoltronada en su sillón reciclanable.

Las almas no pueden llorar,
pero si acaso hubiera podido,
lo habría hecho.

Pues esa señora que pasaba la noche del sábado viendo su programa favorito, fue un amor perdido,
un amor perdido por el viento tiempo atrás.

El pobre marinero tomó la barca y sin malicia alguna espero en el cielo por mucho tiempo hasta que su amada no correspondida cruzará las puertas de aquel lugar...

Lo que pasó más allá,
prefiero no desverlarlo,
pues yo no soy quién para hacerlo.
 

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