Armas
Poeta recién llegado
VAGABUNDO
El vagabundo descansa sobre la acera;
lo único que desea es lo que trae puesto;
entronizado en la banqueta mira pasar a los esclavos
con sus trajes planchados, sus caras largas y su bolsillo hambriento.
Hoy celebra un día más, con un trozo de pan regalado.
Su cabello de estropajo no requiere champú sino aire;
su piel se ha convertido en tierra,
él mismo es tierra de nuevo.
Camina un par de kilómetros de día admirando el paisaje citadino;
es el único que ha notado que los árboles envejecen;
después se cansa y se detiene a observar esas prisiones que ruedan,
a esos muertos que corren, y se pregunta a donde irán con tanta prisa.
Escoge una banca para sentarse y se siente afortunado
por mirar el ocaso completo; mientras acaricia un perro extraño
a quien le convida la mitad de su pan mientras los dos se recuestan;
cierra los ojos, estira las piernas, duerme, sueña con ella…
El vagabundo descansa sobre la acera;
lo único que desea es lo que trae puesto;
entronizado en la banqueta mira pasar a los esclavos
con sus trajes planchados, sus caras largas y su bolsillo hambriento.
Hoy celebra un día más, con un trozo de pan regalado.
Su cabello de estropajo no requiere champú sino aire;
su piel se ha convertido en tierra,
él mismo es tierra de nuevo.
Camina un par de kilómetros de día admirando el paisaje citadino;
es el único que ha notado que los árboles envejecen;
después se cansa y se detiene a observar esas prisiones que ruedan,
a esos muertos que corren, y se pregunta a donde irán con tanta prisa.
Escoge una banca para sentarse y se siente afortunado
por mirar el ocaso completo; mientras acaricia un perro extraño
a quien le convida la mitad de su pan mientras los dos se recuestan;
cierra los ojos, estira las piernas, duerme, sueña con ella…
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