Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Guardo silencio
en aras de un dios rojo,
más allá de tu ojo muerto,
dejando pies y manos
en arroyos pútridos,
donde, en vaivén mordaz,
pasan, hirientes,
los cadáveres
de mis sueños extraviados.
Guardo silencio
en aras de un dios rojo,
más allá de tu ojo muerto,
dejando pies y manos
en arroyos pútridos,
donde, en vaivén mordaz,
pasan, hirientes
los cadáveres
de mis sueños extraviados.