Kabuki
Poeta recién llegado
Vamos
Andas, gerifalte, por condados
de olivos, por yardas de vermú.
¿Por qué no vamos a un cafetín,
y terminamos con el ron?
Toca la guitarra, te canto a capela.
Nada de canciones de amor,
pues pongo el corazón sobre la mesa,
y la lira la toca el tan tan Dios.
Se acabó, suelto los tréboles de las cartas,
y jaque mate del rey y el alfil.
Promesas de tíos borrachos,
Ay, el notario vil. A las 3, me declara Señor.
Y así vamos, yo con mis letras
y voce con su lámpara de astros.
Somos unos compinches, nena, un par de
buenos camaradas, un Bonnie y Clyde,
un Lennon-McCartney,
El Napoleón y La Josefina,
la que recibe reinos por debajo de
la falda y cielos por encima de su dolor.
Sor cantor, plebeyo del centro de Lima,
que me señala con el dedo
medio, por tener a esa pelirrubia
a flor de calzón. Waaa, sí, más que horror,
pues digo hoy rompo todos los vidrios
de ese maldito cuarto olor a formol.
Esta hora, minutos inexactos,
invencibilidad de lo gótico, fisura
de tobillo del Romanticismo,
donde la paso contigo, donde nadie muere.
El balazo roza el hombro, el
verduguillo penetra el cuero,
el que se choca tiene airbag en su Volvo,
y el que se ahoga encuentra una seca orilla.
Mi madre no se sobre-ingirió,
y el poeta no fue asesinado por su querida.
¿Cuánto debo cantar para tu silencio de ojos altos?
Belleza de puerto, de atalaya...
¿Cuánto debo callar para tu melodía de gestos?
Hermosa de cuerpo, pequeña alba...
Fuisss, fuisss, las olas del mar, silban
Fuisss, fuisss, Dublín nos espera para continuar.
¿Tan ebrio estamos que nos iremos a pie
desde la Patagonia hasta el África?
Pero tu vuelas. Sí, tu vuelas.
De océano a océano.
De cometas a ríos de Sal
De Gardel a Golconda.
De la cueva del Vampiro a la urbe del hombre lobo.
Entonces Andaré. Andaré.
Vamos.
de olivos, por yardas de vermú.
¿Por qué no vamos a un cafetín,
y terminamos con el ron?
Toca la guitarra, te canto a capela.
Nada de canciones de amor,
pues pongo el corazón sobre la mesa,
y la lira la toca el tan tan Dios.
Se acabó, suelto los tréboles de las cartas,
y jaque mate del rey y el alfil.
Promesas de tíos borrachos,
Ay, el notario vil. A las 3, me declara Señor.
Y así vamos, yo con mis letras
y voce con su lámpara de astros.
Somos unos compinches, nena, un par de
buenos camaradas, un Bonnie y Clyde,
un Lennon-McCartney,
El Napoleón y La Josefina,
la que recibe reinos por debajo de
la falda y cielos por encima de su dolor.
Sor cantor, plebeyo del centro de Lima,
que me señala con el dedo
medio, por tener a esa pelirrubia
a flor de calzón. Waaa, sí, más que horror,
pues digo hoy rompo todos los vidrios
de ese maldito cuarto olor a formol.
Esta hora, minutos inexactos,
invencibilidad de lo gótico, fisura
de tobillo del Romanticismo,
donde la paso contigo, donde nadie muere.
El balazo roza el hombro, el
verduguillo penetra el cuero,
el que se choca tiene airbag en su Volvo,
y el que se ahoga encuentra una seca orilla.
Mi madre no se sobre-ingirió,
y el poeta no fue asesinado por su querida.
¿Cuánto debo cantar para tu silencio de ojos altos?
Belleza de puerto, de atalaya...
¿Cuánto debo callar para tu melodía de gestos?
Hermosa de cuerpo, pequeña alba...
Fuisss, fuisss, las olas del mar, silban
Fuisss, fuisss, Dublín nos espera para continuar.
¿Tan ebrio estamos que nos iremos a pie
desde la Patagonia hasta el África?
Pero tu vuelas. Sí, tu vuelas.
De océano a océano.
De cometas a ríos de Sal
De Gardel a Golconda.
De la cueva del Vampiro a la urbe del hombre lobo.
Entonces Andaré. Andaré.
Vamos.