El Cielo de Octubre
Poeta asiduo al portal
Me avisa la lluvia de que por hoy ya basta.
Me giro, me despido, y por algún motivo
olvido mi mano sobre tu cintura.
Se están empezando a conocer.
La vuelta a casa se hace dura
y las sombras de mis pasos torpes
se ven acariciadas por la primera luz,
aquella que ilumina a los panaderos y dora su corteza,
los mismos que conocen el sabor del rocío, el del sudor del gallo.
Puedo oler las calles recién despiertas y su asfalto color café,
y bosteza mi portal mientras me contraigo para entrar,
encogiendo conmigo a mi alma sucia,
con hambre de legañas.
Entro en la habitación,
me peino el corazón para que le veas guapo
y desde la cama, recién despierta y con la ironía en pijama,
me preguntas que por qué me falta una mano.
Me giro, me despido, y por algún motivo
olvido mi mano sobre tu cintura.
Se están empezando a conocer.
La vuelta a casa se hace dura
y las sombras de mis pasos torpes
se ven acariciadas por la primera luz,
aquella que ilumina a los panaderos y dora su corteza,
los mismos que conocen el sabor del rocío, el del sudor del gallo.
Puedo oler las calles recién despiertas y su asfalto color café,
y bosteza mi portal mientras me contraigo para entrar,
encogiendo conmigo a mi alma sucia,
con hambre de legañas.
Entro en la habitación,
me peino el corazón para que le veas guapo
y desde la cama, recién despierta y con la ironía en pijama,
me preguntas que por qué me falta una mano.