Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
VARADO EN LA VIDA
Cadencia de tempo en intervalos
entre aburridos y monótonos,
se visten de canas las sienes
de la memoria triste
de un alma sin alma.
Pensó que era una temporada
de esas entre otoños grises,
que marcan el preludio
de inviernos fríos de hielo
que visten los días solitarios.
Sin fuego dentro del cuerpo
y los lagrimales ya quemados,
queda la mirada perdida
buscando entre su soledad
al farero del faro.
No vio o no quiso ver
la luz que le advertía
que había acantilados en la vida
que si te acercas te quedas varado
entre las rocas del sufrimiento
y las olas bravas de la inconsciencia.
Sólo podré salir y más se hundía
le sobrepaso el mar la cintura,
y llegando a su boca bebía
agua salada de reproches
que ahogaban sus alegrías.
En lo alto inerte miraba
una gavita posada,
entre la realidad y el absurdo,
de sentir la impotencia de aquel hombre,
que estrello su barca, su cuerpo
en los fracasos de sus acantilados.
Y se dejo morir como única salida
que la pena no le dejaba nadar
y llegar a la orilla para vivir seco,
mientras su corazón húmedo moría.
Cadencia de tempo en intervalos
entre aburridos y monótonos,
se visten de canas las sienes
de la memoria triste
de un alma sin alma.
Pensó que era una temporada
de esas entre otoños grises,
que marcan el preludio
de inviernos fríos de hielo
que visten los días solitarios.
Sin fuego dentro del cuerpo
y los lagrimales ya quemados,
queda la mirada perdida
buscando entre su soledad
al farero del faro.
No vio o no quiso ver
la luz que le advertía
que había acantilados en la vida
que si te acercas te quedas varado
entre las rocas del sufrimiento
y las olas bravas de la inconsciencia.
Sólo podré salir y más se hundía
le sobrepaso el mar la cintura,
y llegando a su boca bebía
agua salada de reproches
que ahogaban sus alegrías.
En lo alto inerte miraba
una gavita posada,
entre la realidad y el absurdo,
de sentir la impotencia de aquel hombre,
que estrello su barca, su cuerpo
en los fracasos de sus acantilados.
Y se dejo morir como única salida
que la pena no le dejaba nadar
y llegar a la orilla para vivir seco,
mientras su corazón húmedo moría.
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