Raul Matas Sanchez
Poeta adicto al portal
Por la tarde me marché caminando por la esquina,
y vecina la lluvia que a oscuras miré,
tardándome siempre como en otros días, visualicé.
No distingo la presa ni el rango,
me opongo a creer y a caer en el fango.
No damos razones mirones que miran,
las cien razones que los mundos vigilan.
No es así, no es cierto,
no dejé de sentirme pasajero,
ni pude alejar el tiempo nuestro,
no fue necesario, no así,
no cuando por entero yo vine y me fuí,
teniendo una rosa el lirio de ser,
un cuerpo doblado, un canto bordado,
y en reposo un muerto casi siempre olvidado.
Ahora vienes aquí, me dices que sí,
y espero soñando una cara de mí, una sombra de ti,
y un amor para míl.
No temo a la ruina,
me engaño, fue cierto en un momento,
lejano y austero,
y repleto de momentos, pero fueron callados también,
como lápida,
como uno,
como tú.
y vecina la lluvia que a oscuras miré,
tardándome siempre como en otros días, visualicé.
No distingo la presa ni el rango,
me opongo a creer y a caer en el fango.
No damos razones mirones que miran,
las cien razones que los mundos vigilan.
No es así, no es cierto,
no dejé de sentirme pasajero,
ni pude alejar el tiempo nuestro,
no fue necesario, no así,
no cuando por entero yo vine y me fuí,
teniendo una rosa el lirio de ser,
un cuerpo doblado, un canto bordado,
y en reposo un muerto casi siempre olvidado.
Ahora vienes aquí, me dices que sí,
y espero soñando una cara de mí, una sombra de ti,
y un amor para míl.
No temo a la ruina,
me engaño, fue cierto en un momento,
lejano y austero,
y repleto de momentos, pero fueron callados también,
como lápida,
como uno,
como tú.