RAUL CONTRERAS
Poeta recién llegado
Vas por esos caminos en tu soledad, solo.
Como ignorando que en la sequedad de tu huerto
no madura el fruto; sin saber si habrá alegrías plenas
en tu hacienda.
Nutres tus ansias en el racimo grande y tardío,
de unas uvas que hoy te saben amargas, existiendo
solamente, y te preguntas, porque no lo sabes,
si eres tú el que te habitas o eres sólo cuerpo y refugio
en la trashumancia de unas almas que no saben donde van.
Bebes en el cauce profundo de tu sed, rehaces el andar,
desde los confines de tu conciencia, hasta el límite
de ese abismo que te retiene y que se abre a la nada.
Hay niebla en tus ojos, dudas en tu mirar,
y clamas al cielo y, en el cielo no encuentras luz.
No hay que brille en el universo.
Tú eres la luz, el resplandor.
Más allá de tus ojos...no hay luz.
Como ignorando que en la sequedad de tu huerto
no madura el fruto; sin saber si habrá alegrías plenas
en tu hacienda.
Nutres tus ansias en el racimo grande y tardío,
de unas uvas que hoy te saben amargas, existiendo
solamente, y te preguntas, porque no lo sabes,
si eres tú el que te habitas o eres sólo cuerpo y refugio
en la trashumancia de unas almas que no saben donde van.
Bebes en el cauce profundo de tu sed, rehaces el andar,
desde los confines de tu conciencia, hasta el límite
de ese abismo que te retiene y que se abre a la nada.
Hay niebla en tus ojos, dudas en tu mirar,
y clamas al cielo y, en el cielo no encuentras luz.
No hay que brille en el universo.
Tú eres la luz, el resplandor.
Más allá de tus ojos...no hay luz.