Jaime Araos
Poeta veterano/a en el portal
VASTEDAD
Amor, en el balance inconcreto
de nuestros solos nombres,
de los puentes recorridos,
de los tiempos deshojados
como raudos crepúsculos,
no se trata de gloria ni de alturas:
las olas me hablan de ti
con sus acordes costeros,
con sus arcos y andenes.
No se trata de sol sino de sombra,
de sombra, espuma y sol,
de un eco marcado en la arena
que te dibuja la boca,
el cabello, la quietud de tu paso,
pero tu aroma ya estaba presente
en cada rotundo mediodía.
Serena de todas las cosas,
las cascadas que me invades
golpetean como el silencio
sobre los surcos de la tierra,
como una seña de tus ojos
sobre todos los caminos:
oh trazadora de rutas,
eres la voz palpitante.
Para comenzar a evocarte
labro con tu tersura
esta costa a raudales:
todo lo contienes tú,
toda.
A Nadia
Amor, en el balance inconcreto
de nuestros solos nombres,
de los puentes recorridos,
de los tiempos deshojados
como raudos crepúsculos,
no se trata de gloria ni de alturas:
las olas me hablan de ti
con sus acordes costeros,
con sus arcos y andenes.
No se trata de sol sino de sombra,
de sombra, espuma y sol,
de un eco marcado en la arena
que te dibuja la boca,
el cabello, la quietud de tu paso,
pero tu aroma ya estaba presente
en cada rotundo mediodía.
Serena de todas las cosas,
las cascadas que me invades
golpetean como el silencio
sobre los surcos de la tierra,
como una seña de tus ojos
sobre todos los caminos:
oh trazadora de rutas,
eres la voz palpitante.
Para comenzar a evocarte
labro con tu tersura
esta costa a raudales:
todo lo contienes tú,
toda.
A Nadia
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