cesarlucil
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vayan hasta la sombra los que dicen
que esta virtud de ser uno y su rostro
debe partir al negro del recuerdo
y quedarse sin nombre en los abismos.
Yo te pensé fragante y te dispuse
en mis tristes altares y en mis días,
y disfracé caladas cicatrices
para verte correr entre mis campos.
Todo el calor de mayo supo hundirnos
sus pregones de tierra y de florestas
desde los crucifijos del silencio
para vernos surgir sin ataduras;
y ahora crece pan y crece savia,
savia que no conoce de monedas,
de leyendas gastadas por los siglos
y amaneceres rojos en las tumbas.
Vayan los pregoneros de la muerte
hasta la copa rota del olvido,
vayan con su grandeza de fantasmas
y apacienten febriles golondrinas.
Yo te busqué desnuda en mis alturas,
como una estrella triste en los espejos,
y descubrí cantando a mis heridas
entre tus muslos firmes, sin colores.
Y ahora digo carne y digo hueso,
y digo la violencia de la ola
mientras rompe paredes que parecen
esas extrañas manos que asesinan.
que esta virtud de ser uno y su rostro
debe partir al negro del recuerdo
y quedarse sin nombre en los abismos.
Yo te pensé fragante y te dispuse
en mis tristes altares y en mis días,
y disfracé caladas cicatrices
para verte correr entre mis campos.
Todo el calor de mayo supo hundirnos
sus pregones de tierra y de florestas
desde los crucifijos del silencio
para vernos surgir sin ataduras;
y ahora crece pan y crece savia,
savia que no conoce de monedas,
de leyendas gastadas por los siglos
y amaneceres rojos en las tumbas.
Vayan los pregoneros de la muerte
hasta la copa rota del olvido,
vayan con su grandeza de fantasmas
y apacienten febriles golondrinas.
Yo te busqué desnuda en mis alturas,
como una estrella triste en los espejos,
y descubrí cantando a mis heridas
entre tus muslos firmes, sin colores.
Y ahora digo carne y digo hueso,
y digo la violencia de la ola
mientras rompe paredes que parecen
esas extrañas manos que asesinan.