BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
I-.
Frías las hojas
y el viento que aúlla.
Entre las encinas y los árboles
frutos diversos crecen en las esquinas.
Son mamíferos de otros tiempos,
fugaces y melancólicos que hieren
a simple vista. Su furor, su antipatía,
les nace de creer en una divinidad ciega.
Fría la luz, y fríos los ojos que la miran.
II-.
Los frisos decorativos,
las palanganas de antes,
las guerras inacabables e inacabadas,
las pedanterías de fin de curso,
los emotivos cánticos alegóricos,
tiene el mundo a sus pies y lo sabe.
III-.
La luz es un sistema de voltios, constante.
Ruedan las plegarias cuando Dios no descubre
su talante de fiera. En las escarchas, sugerentes,
y en los molinos de agua, la harina se sacaba
con corchos flotantes.
IV-.
Las cintas de colores
los labios azul petróleo
las novedades de los precios,
que nos vuelven locos, y esa
marea ciega que descubre,
más pronto que tarde,
que la han engañado.
V-.
Los ciegos espantos, que nos aproximan,
y las flores de lavanda, por el mundo repartidas,
no acostumbran a pedir nada. Por eso, callo,
y con este silencio, hago las veces de perdonavidas-.
24/10/20©
Frías las hojas
y el viento que aúlla.
Entre las encinas y los árboles
frutos diversos crecen en las esquinas.
Son mamíferos de otros tiempos,
fugaces y melancólicos que hieren
a simple vista. Su furor, su antipatía,
les nace de creer en una divinidad ciega.
Fría la luz, y fríos los ojos que la miran.
II-.
Los frisos decorativos,
las palanganas de antes,
las guerras inacabables e inacabadas,
las pedanterías de fin de curso,
los emotivos cánticos alegóricos,
tiene el mundo a sus pies y lo sabe.
III-.
La luz es un sistema de voltios, constante.
Ruedan las plegarias cuando Dios no descubre
su talante de fiera. En las escarchas, sugerentes,
y en los molinos de agua, la harina se sacaba
con corchos flotantes.
IV-.
Las cintas de colores
los labios azul petróleo
las novedades de los precios,
que nos vuelven locos, y esa
marea ciega que descubre,
más pronto que tarde,
que la han engañado.
V-.
Los ciegos espantos, que nos aproximan,
y las flores de lavanda, por el mundo repartidas,
no acostumbran a pedir nada. Por eso, callo,
y con este silencio, hago las veces de perdonavidas-.
24/10/20©