Mª Amparo Garrigós Cerdán
Poeta recién llegado
Tengo miedo de empezar a escribir estas palabras.
He tenido miedo de pronunciar tu nombre que me abrasa entre los labios o me quema entre los dedos: sería muy cruel rasgarlo con la torpeza de mi pluma o herirlo con mis labios entumecidos que, no obstante, lo reclaman.
He tenido miedo de traerte a la noche que habitas desde hace tiempo, inocente. Me dueles en tu ausencia de palabra y de cuerpo como sólo tú me dueles. También tuve miedo de amarte y, sin embargo, te amo.
Son amargos estos terribles días de otoño, profundamente amargos, y largas, estúpida y oscuramente largas estas noches. Y yo, que no soy más que soledad, me convierto sólo por ti en el negro pájaro que habita las horas extrañas de madrugadas insomnes.
Quiero cogerte, atraerte y arrastrarte desde esa estrella que te tiene por completo. Quiero agarrarte, aferrarte y atarte a mis ojos que te buscan irredentos en la ciénaga de lo imposible: allá donde estés, ellos son los perros que han de guardar tus umbrales y ellos serán la luna que lleve entera mi alma a tu ser.
Ven a mi noche tuya (tengo tantas cosas que contarte...). Y ven desnudo, con todos los poros de tu piel abiertos como flores, a restañarme la hiel del borde de los labios. Yo te espero en mi úlrima frontera para llevarte, con los ojos vendados, hasta mi corazón torturado y roto.
He tenido miedo de pronunciar tu nombre que me abrasa entre los labios o me quema entre los dedos: sería muy cruel rasgarlo con la torpeza de mi pluma o herirlo con mis labios entumecidos que, no obstante, lo reclaman.
He tenido miedo de traerte a la noche que habitas desde hace tiempo, inocente. Me dueles en tu ausencia de palabra y de cuerpo como sólo tú me dueles. También tuve miedo de amarte y, sin embargo, te amo.
Son amargos estos terribles días de otoño, profundamente amargos, y largas, estúpida y oscuramente largas estas noches. Y yo, que no soy más que soledad, me convierto sólo por ti en el negro pájaro que habita las horas extrañas de madrugadas insomnes.
Quiero cogerte, atraerte y arrastrarte desde esa estrella que te tiene por completo. Quiero agarrarte, aferrarte y atarte a mis ojos que te buscan irredentos en la ciénaga de lo imposible: allá donde estés, ellos son los perros que han de guardar tus umbrales y ellos serán la luna que lleve entera mi alma a tu ser.
Ven a mi noche tuya (tengo tantas cosas que contarte...). Y ven desnudo, con todos los poros de tu piel abiertos como flores, a restañarme la hiel del borde de los labios. Yo te espero en mi úlrima frontera para llevarte, con los ojos vendados, hasta mi corazón torturado y roto.