Eloa
Poeta recién llegado
Atrápame con tus manos firmes
no me dejes escapar que es mi tendencia,
si me voy respiraré de nuevo el viento frío
sutil que rozará mi cara
y devoraré con rabia el tiempo que de prisa se derrama.
Así soy yo
tu me conoces,
veleta ansiosa de nuevos horizontes,
insaciable de aventuras y caminos sinuosos,
que alzará sus brazos como si fuesen alas,
y saltaré al vacío
pretendiendo todo, esperando nada.
Será en ese vuelo
con mi alma sola
inmersa en el placer de contemplar el universo,
que sentiré las faltas,
mis ojos derramarán el desconsuelo,
del recuerdo triste
eco de tu voz amada.
Parecerá extraño este deambular por recovecos
sin tu presencia,
ya no será como antes de ayer cuando no te sospechaba.
Lo sé.
Por eso aprisióname,
no aflojes tus labios de mis labios
que el viento silba en mi cabeza y me llama.
No me sueltes, no dejes que me vaya,
acúname esta noche, susurra en mi oído la dulzura hecha palabras
para acallar el hechizo oscilante de mi extravagancia.
Sólo así podré templarme
y en mi sien no punzarán ya los latidos de éste, mi delirio,
seguiré enredada en el lugar por todos anhelado
con la certeza de que mañana
no lloraré al amor abandonado.
no me dejes escapar que es mi tendencia,
si me voy respiraré de nuevo el viento frío
sutil que rozará mi cara
y devoraré con rabia el tiempo que de prisa se derrama.
Así soy yo
tu me conoces,
veleta ansiosa de nuevos horizontes,
insaciable de aventuras y caminos sinuosos,
que alzará sus brazos como si fuesen alas,
y saltaré al vacío
pretendiendo todo, esperando nada.
Será en ese vuelo
con mi alma sola
inmersa en el placer de contemplar el universo,
que sentiré las faltas,
mis ojos derramarán el desconsuelo,
del recuerdo triste
eco de tu voz amada.
Parecerá extraño este deambular por recovecos
sin tu presencia,
ya no será como antes de ayer cuando no te sospechaba.
Lo sé.
Por eso aprisióname,
no aflojes tus labios de mis labios
que el viento silba en mi cabeza y me llama.
No me sueltes, no dejes que me vaya,
acúname esta noche, susurra en mi oído la dulzura hecha palabras
para acallar el hechizo oscilante de mi extravagancia.
Sólo así podré templarme
y en mi sien no punzarán ya los latidos de éste, mi delirio,
seguiré enredada en el lugar por todos anhelado
con la certeza de que mañana
no lloraré al amor abandonado.