Aurisolado
Poeta recién llegado
Me miraba en cautiva lejanía presente,
Y sus ojos fanales como siempre en mordida,
Siendo burla de antojo y de extrañeza sonrieren,
Por saberme acabado en esta verdad tranquila
Se coronan las luces tras el bao que en mis ojos,
Han formado mis labios por bailar perfumando,
Y temblar conteniendo con su débil asombro,
La monstruosa pastilla que mis ojos lograron,
Diluyendo sus sales en la arteria que sólo,
Me dicta los minutos de un latido apagado.
Y cayó como el beso que mi almohada anhelaba,
Dibujando en sus labios dulce gesto de alivio,
Que le da la soltura de la fina palabra,
Que le da la soltura de los besos tranquilos
¡Hoy la frágil piel que en mí fractura,
La distancia infalible de su manto,
Y arraigábanse en mí con su soltura,
Los puños del silencio despiadado
Descargando su furia en mi escultura,
Desmayando mi cuerpo, débil mármol!
¡Así olvidé el color de las heridas,
Y la embriaguez opiada de las horas,
Perfumó por completo toda vida,
Y destrozó por completo todas cosas!...
¡Asomé mi cara en un sueño fragante,
Que vuela fortuito, es paloma de alivio,
Que forja en la sombra el sopor galante,
Que muestra en sus manos, fugaz lenocinio!
Como hoja de un árbol que cae fallecida,
Y blande su filo que corta sin gala
La vena azul, de una mentira vana
Que retrae los lazos y el sueño termina
Y sus ojos fanales como siempre en mordida,
Siendo burla de antojo y de extrañeza sonrieren,
Por saberme acabado en esta verdad tranquila
Se coronan las luces tras el bao que en mis ojos,
Han formado mis labios por bailar perfumando,
Y temblar conteniendo con su débil asombro,
La monstruosa pastilla que mis ojos lograron,
Diluyendo sus sales en la arteria que sólo,
Me dicta los minutos de un latido apagado.
Y cayó como el beso que mi almohada anhelaba,
Dibujando en sus labios dulce gesto de alivio,
Que le da la soltura de la fina palabra,
Que le da la soltura de los besos tranquilos
¡Hoy la frágil piel que en mí fractura,
La distancia infalible de su manto,
Y arraigábanse en mí con su soltura,
Los puños del silencio despiadado
Descargando su furia en mi escultura,
Desmayando mi cuerpo, débil mármol!
¡Así olvidé el color de las heridas,
Y la embriaguez opiada de las horas,
Perfumó por completo toda vida,
Y destrozó por completo todas cosas!...
¡Asomé mi cara en un sueño fragante,
Que vuela fortuito, es paloma de alivio,
Que forja en la sombra el sopor galante,
Que muestra en sus manos, fugaz lenocinio!
Como hoja de un árbol que cae fallecida,
Y blande su filo que corta sin gala
La vena azul, de una mentira vana
Que retrae los lazos y el sueño termina