Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y en este fútil derrotero camino hacia tus ojos
y veo el tren ligeramente detenido en
estaciones invernales y no te veo y digo:
¿Por qué nunca regresas?
Lleno de piadosa resignación vuelvo a
entregarme a sueños sin desprecios,
a vestigios de ternuras despavoridas,
a transacciones inescrutables,
a ese destino que va fundiéndose con
los hilos invisibles de tu rostro olvidado...
Y en este fútil derrotero hacia la ternura,
hacia la libertad reflejada en los espejos
de acero y en desnudas lámparas mudas,
que lucen como tu luces desnuda y al acecho
sobre la alfombra adonde nuestros cuerpos
fulguraron azotados por las embravecidas
venas del oleaje de un mar ignoto y de
todos los mares que nos abandonaron
enmudeciendo en ese final silencioso,
en ese final que es un olvido aparente
y previsible en el que por fin fui cobijado
en la inmensidad de tu ternura.
y veo el tren ligeramente detenido en
estaciones invernales y no te veo y digo:
¿Por qué nunca regresas?
Lleno de piadosa resignación vuelvo a
entregarme a sueños sin desprecios,
a vestigios de ternuras despavoridas,
a transacciones inescrutables,
a ese destino que va fundiéndose con
los hilos invisibles de tu rostro olvidado...
Y en este fútil derrotero hacia la ternura,
hacia la libertad reflejada en los espejos
de acero y en desnudas lámparas mudas,
que lucen como tu luces desnuda y al acecho
sobre la alfombra adonde nuestros cuerpos
fulguraron azotados por las embravecidas
venas del oleaje de un mar ignoto y de
todos los mares que nos abandonaron
enmudeciendo en ese final silencioso,
en ese final que es un olvido aparente
y previsible en el que por fin fui cobijado
en la inmensidad de tu ternura.