Rita de ´Torres
Poeta recién llegado
VENDIENDO ORO
Si en el tiempo recorrido escupiera sobre un tejado,
sobreviviría por doscientos gramos.
Que al peso en oro son:
ni la mitad de lo que me darían
por ser vejado.
Aun se apuntan las codornices para comer,
las sillas en mi sueños tienen vida cuando emergen acido;
pero como en toda pesadilla se esconde un retardo,
un atraso de la razón.
Pues bien, este es mi apaño:
si nos empolvamos la nariz que no sea un ardid,
admitiendo ofensas porque si.
_Ya entiendo el hueco por el que se desliza
la indiferencia del animo cansado_
le dijo un usurero al desesperado hipotecado.
La pena, el perdón,
quedan como mosaicos de una madera mal entablada.
_¡Es esta lluvia en mi corazón!_ respondió el vendedor.
Solapa con aristas de agua dulce mi presente,
para penetrar entre las rendijas de un pasado prisionero
y futuro inapetente.
_¡Quieta, detente!_le aconsejo el usurero petulante.
Ya apostaste seiscientos en oro.
Porque sabes que puedes con la vida
y con el soborno.
Si en el tiempo recorrido escupiera sobre un tejado,
sobreviviría por doscientos gramos.
Que al peso en oro son:
ni la mitad de lo que me darían
por ser vejado.
Aun se apuntan las codornices para comer,
las sillas en mi sueños tienen vida cuando emergen acido;
pero como en toda pesadilla se esconde un retardo,
un atraso de la razón.
Pues bien, este es mi apaño:
si nos empolvamos la nariz que no sea un ardid,
admitiendo ofensas porque si.
_Ya entiendo el hueco por el que se desliza
la indiferencia del animo cansado_
le dijo un usurero al desesperado hipotecado.
La pena, el perdón,
quedan como mosaicos de una madera mal entablada.
_¡Es esta lluvia en mi corazón!_ respondió el vendedor.
Solapa con aristas de agua dulce mi presente,
para penetrar entre las rendijas de un pasado prisionero
y futuro inapetente.
_¡Quieta, detente!_le aconsejo el usurero petulante.
Ya apostaste seiscientos en oro.
Porque sabes que puedes con la vida
y con el soborno.