SanBlasfemo
Poeta asiduo al portal
Voy al chat y pido una caña. Me siento a la mesa de los poetastros, la nuestra. Me gusta esa mesa porque desemboca ahí lo más lúdico del gremio. Y hablamos de todo lo humano y hay quien reza y quien se caga en lo más divino. Sin embargo, como la estupidez no tiene límites me he topao también con casos muy exagerados. Por poner un par de ejemplos hablaré de dos de estos casos, omitiendo el nick de estos poetastrillos.
El primero padecía algún tipo de complejo porque llevaba ya un tiempo por aquí y aún no había recibido ningún premio de estos que aparecen bajo el avatar. Pues bien el, oh pobre, no laureado poetastrillo amenazaba con abandonar el portal para regocijo nuestro. Acudieron damas y caballeros de toda laya a insuflar aliento a su pecho sin medallas. Un servidor le reprendió severamente y no pudo reprimir la carcajada sonora.
El segundo era un bravucón que se las daba de poeta celebérrisimo por tener tres medallitas. Únicamente abría la boca para lustrárselas y exclamar: ¡Me han premiado!, ¡yo no tengo la culpa del buen gusto del jurado! Todo esto sin la menor ironía o tono humorístico. La alabanza propia envilece, afirma Cervantes; pues a lo largo de un par de horas no dejó este poetastrillo de envilecerse.
Escupo sobre ambos.
Y como hechos son amores y no para predicar con el ejemplo, sino para ilustrar tal planteamiento:
VENDO MI MEDALLA
Mándenme un privado con el título del tema en el asunto. Negociaremos el precio en MPs.
¡ES UD. UN POETASTRILLO IGNORADO!
LUZCA UNA MEDALLA EN SU PUTO PECHO VACÍO
CON ORGULLO DE MILITAR RETIRADO.
El primero padecía algún tipo de complejo porque llevaba ya un tiempo por aquí y aún no había recibido ningún premio de estos que aparecen bajo el avatar. Pues bien el, oh pobre, no laureado poetastrillo amenazaba con abandonar el portal para regocijo nuestro. Acudieron damas y caballeros de toda laya a insuflar aliento a su pecho sin medallas. Un servidor le reprendió severamente y no pudo reprimir la carcajada sonora.
El segundo era un bravucón que se las daba de poeta celebérrisimo por tener tres medallitas. Únicamente abría la boca para lustrárselas y exclamar: ¡Me han premiado!, ¡yo no tengo la culpa del buen gusto del jurado! Todo esto sin la menor ironía o tono humorístico. La alabanza propia envilece, afirma Cervantes; pues a lo largo de un par de horas no dejó este poetastrillo de envilecerse.
Escupo sobre ambos.
Y como hechos son amores y no para predicar con el ejemplo, sino para ilustrar tal planteamiento:
VENDO MI MEDALLA
Mándenme un privado con el título del tema en el asunto. Negociaremos el precio en MPs.
¡ES UD. UN POETASTRILLO IGNORADO!
LUZCA UNA MEDALLA EN SU PUTO PECHO VACÍO
CON ORGULLO DE MILITAR RETIRADO.
::. Porque lo que se regala no se vende ::
::