Pedazos de noche enferma
anegan el portal de mis sueños,
mutilan la voz apaciguada,
degeneran los soles futuros.
Una pesadilla sin nombre,
una espina podrida que se atoró
en el centro de mi alma,
(mi cuerpo lucha).
Fatigados mis brazos,
abatidas mis piernas,
la salida está a la vuelta del infinito
donde aguardan los sabios
con sus dientes afilados
El trastorno, viejo amigo,
se apodera con su languidez
de las sobras de esta sombra,
se diluye en las venas
y las infecta.
Como una marchita rosa,
se desploma la carcaza
de un cuerpo desalineado ,
aun esperan entre la neblina confusa
las entelequias de lo incierto.
.
.
.
anegan el portal de mis sueños,
mutilan la voz apaciguada,
degeneran los soles futuros.
Una pesadilla sin nombre,
una espina podrida que se atoró
en el centro de mi alma,
(mi cuerpo lucha).
Fatigados mis brazos,
abatidas mis piernas,
la salida está a la vuelta del infinito
donde aguardan los sabios
con sus dientes afilados
El trastorno, viejo amigo,
se apodera con su languidez
de las sobras de esta sombra,
se diluye en las venas
y las infecta.
Como una marchita rosa,
se desploma la carcaza
de un cuerpo desalineado ,
aun esperan entre la neblina confusa
las entelequias de lo incierto.
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