Manuel Bast
Poeta que considera el portal su segunda casa
No estoy a la altura del gran Cervantes, ¿quien de nosotros lo está? ningún escritor o poeta que aún respire el oxigeno de esta tierra alcanzará algún día los méritos y las glorias de este gran hombre de las letras, cuya magnitud supera los siglos pasados y los por venir, menos que menos este humilde servidor. Quizá los entendidos me dirán ignorante o loco, bueno, de eso tengo alguna cantidad en mi espíritu inmaterial y en mi cerebro carnal, Por tal aclaro: ¡No es mi intención ofender, ni profanar la estructura de una manifestación tan hermosa como el ovillejo!.
Pretendo, sí, extraer del refranero popular de mi país un simpático refrán que reza: “Perro que come manteca, mete la lengua en tapara”. En él se habla de las costumbres enraizadas. Según cuentan los abuelitos, en antaño el campesino procesaba la manteca líquida del cerdo y la envasa en frascos, peroles o taparas (lo que tuviera a mano para el momento) donde casi siempre, una vez tapado, quedaba algo del alimento graso por fuera, y esto es lo que el perro lamía con tanto gusto, aún sabiendo de antemano que se atendría a llevar una buena tunda de palos. En Venezuela este refrán se aplica cuando aparece una conducta que es consecuencia obvia de una costumbre o situación.
VENEZOLANIZANDO UN OVILLEJO
Bien se ha dicho, no se enteca,
perro que come manteca,
y cuando el condumio mengua,
mete la lengua,
no en botella, esto se aclara,
¡en tapara!
El perro flaco acapara
todo el bocado en la jeta,
por eso el refrán declara:
“perro que come manteca mete la lengua en tapara”
© Manuel Bastidas Mora
Venezuela
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