Juegan nuestras escaleras,
a enlentecer más el tiempo….
Vamos a abrir más las manos,
y atrapar esos recuerdos en el viento.
Volvernos inaprensibles con los brillos tras la lluvia;
y aparcar el ego, en un fósil marino.
Acaso las cien mil gaviotas,
salidas de aquella ventana por la que huyen los pueblos…
acaso, lo que exhalan los rumiantes del tabaco,
recovecos de horizontes en almíbar.
Los mares dibujando,
en los dormidos oídos de las caracolas.
Con siete torres de luz, el norte;
y los rocíos por las faldas de un mándala…
acaso las bordadoras de cordilleras,
tras las huellas de un meteoro blanquísimo…
sus clientes, de afluentes verdes del folklore…
y saborear en ti, todos esos lugares,
con la vértebra del solar asilvestrado, y la mujer leopardo…
derramar fechas tan nuestras, en cornisas de cereza,
y fabricar pirotecnias con los micro poemas.
a enlentecer más el tiempo….
Vamos a abrir más las manos,
y atrapar esos recuerdos en el viento.
Volvernos inaprensibles con los brillos tras la lluvia;
y aparcar el ego, en un fósil marino.
Acaso las cien mil gaviotas,
salidas de aquella ventana por la que huyen los pueblos…
acaso, lo que exhalan los rumiantes del tabaco,
recovecos de horizontes en almíbar.
Los mares dibujando,
en los dormidos oídos de las caracolas.
Con siete torres de luz, el norte;
y los rocíos por las faldas de un mándala…
acaso las bordadoras de cordilleras,
tras las huellas de un meteoro blanquísimo…
sus clientes, de afluentes verdes del folklore…
y saborear en ti, todos esos lugares,
con la vértebra del solar asilvestrado, y la mujer leopardo…
derramar fechas tan nuestras, en cornisas de cereza,
y fabricar pirotecnias con los micro poemas.