ONICE
Poeta fiel al portal
Dejó de roer las ventanas
el viento.
Cobija despacio,
su soplo, tu desnudez...
Los cristales fueron
mordidos en otro tiempo,
en bocas desfallecidas,
en sombras impalpables donde
quebraron, sus marcos de madera...
Cristales rotos. Paso de luz.
Se fue el ayer.
Llegó el hoy.
¡Abre las alas!
Que las sombras, se vuelvan a iluminar.
Lo invisible a los ojos, es visible al alma.
Que broten las verdes hojas.
Las flores rojas que nacen.
Puedo escuchar,
el silencio sangrante de las paredes,
los sueños que a lo lejos perecen.
¡No caigas como una piedra al vacío!
Sobrevuela la noche.
Posa-te sobre las nubes
que van a deriva
(son como la piel su textura).
Sé, río de caudales abundantes...
Que la oscuridad
sea pozo de crital,
dónde los sueños oscuros
sigan yaciendo dormidos.
Sé, manantial de agua
tempestad
o llovizna.
Sé cuerpo de mil lunas,
gorrión o cuervo
luciérnaga u hormiga.
No quedan cristales en las ventanas.
Fueron mordidos en otro tiempo.
¡Abre persianas!
¡Rompe las rejas!
Sé risa, sé suspiro,
bebe sorbo a sorbo de la vida...
Sobrevuela la soledad.
¡Sobrevuela alto! Por encima de las penas...
Sobrevuela el hueco que quedó,
el vacío que aún tiene caminos.
No quedan ventanas cerradas.
Los cristales fueron
mordidos en otro tiempo.
El abismo se extingue, entrando rayos de nuevo.
El viento ya no muerde.
No está dolido.
Vengo a recordarte, que las ventanas
quedaron abiertas y en su desnudez
su soplo será caricia...
A recordarte...
A recordarte que sigues aquí.
A recordarte...
que estás vivo.
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