“La Torre Eiffel a tu lado flor geométrica para los poetas puros”
Carlos Oquendo de Amat
Desglose de pétalos como una declinación de fragmentos acerados
sobre la inmensidad del campo yermo de los jardines en silencio
se yergue ese pecado colosal de la estructura fornicatriz
impotente de alcanzar nubes y ángeles
Llora la poesía en las madrugadas húmedas sobre los vidrios globulosos
bajo ellos los amantes juegan a cartas y apuran el último verso/vaso de su vileza
la torre vigilada por cuadrillas de toreros inoportunos
se desdice de su triangular molicie y canta con el viento entre sus ramas
la tragedia de esas noches que nunca vieron amanecer.
Despierta la ciudad y no se asombra
Terminan con singular equilibrio los noctámbulos placeres de las rosas
embebidas en caireles extranjeros
Colores de muchachitas convergentes en sus formas cadenciosas
impregnan la atmósfera marchita de las exudaciones de un club.
Todo renace a la llamada silenciosa de una convocatoria terrible
ya no quedan ni caballos para arrastrar esos últimos féretros
que llevarán al Père Lachaise los cadáveres del postrero buen vivir
París dejó de ser una fiesta
y la Torre se doblega ante los vientos decadentes del crepúsculo
Apenas la lozanía de la vieja con las palomas crispa el aire conmovido
en algún rincón perdido todavía se bebe ajenjo y se escucha el agudo chantecler
las piedras del pavimento brillan como heteróclitas ofrendas a los ultrajes viarios
y a los paseantes sin edad que sujetan sus bigudíes militarmente ateridos
Las pequeñas florecillas que adorna parterres vandalizados
gritan con resuellos apagados la ignominia de un presente que no es suyo
preguntan al poeta puro que contempla desde el suelo
la horrenda vacuidad de ese monstruo que ha nacido del mismo subsuelo que ellas
cuando llegará la hora de la hecatombe
el poeta no sabe no contesta…
Ilus.: Robert Delaunay. "La Torre Eiffel con árboles." 1910. Museo Guggenheim
Carlos Oquendo de Amat
Desglose de pétalos como una declinación de fragmentos acerados
sobre la inmensidad del campo yermo de los jardines en silencio
se yergue ese pecado colosal de la estructura fornicatriz
impotente de alcanzar nubes y ángeles
Llora la poesía en las madrugadas húmedas sobre los vidrios globulosos
bajo ellos los amantes juegan a cartas y apuran el último verso/vaso de su vileza
la torre vigilada por cuadrillas de toreros inoportunos
se desdice de su triangular molicie y canta con el viento entre sus ramas
la tragedia de esas noches que nunca vieron amanecer.
Despierta la ciudad y no se asombra
Terminan con singular equilibrio los noctámbulos placeres de las rosas
embebidas en caireles extranjeros
Colores de muchachitas convergentes en sus formas cadenciosas
impregnan la atmósfera marchita de las exudaciones de un club.
Todo renace a la llamada silenciosa de una convocatoria terrible
ya no quedan ni caballos para arrastrar esos últimos féretros
que llevarán al Père Lachaise los cadáveres del postrero buen vivir
París dejó de ser una fiesta
y la Torre se doblega ante los vientos decadentes del crepúsculo
Apenas la lozanía de la vieja con las palomas crispa el aire conmovido
en algún rincón perdido todavía se bebe ajenjo y se escucha el agudo chantecler
las piedras del pavimento brillan como heteróclitas ofrendas a los ultrajes viarios
y a los paseantes sin edad que sujetan sus bigudíes militarmente ateridos
Las pequeñas florecillas que adorna parterres vandalizados
gritan con resuellos apagados la ignominia de un presente que no es suyo
preguntan al poeta puro que contempla desde el suelo
la horrenda vacuidad de ese monstruo que ha nacido del mismo subsuelo que ellas
cuando llegará la hora de la hecatombe
el poeta no sabe no contesta…
Ilus.: Robert Delaunay. "La Torre Eiffel con árboles." 1910. Museo Guggenheim