Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquel atardecer que te seguí en la playa mis
tonteras te hacían reir,
con mi sangre ardiente sentí un gran desprecio
hacia mi mísmo.
Me llenaban sensaciones extrañas , era como si todos
pudieran acoplarse impunemente,
mientras nos compenetrabamos en los juegos habituales,
disfrutabamos del embravecido mar, del sanguíneo oleaje.
De pronto atardecía y nos fuimos alejando, temores,miedos
inexplicables, demasiado gente en derredor es caos,
son capaces de una gran destrucción y de pronto se hunden
en una masa informe.
Se evidenció de repente tu matiz peculiar, una manifiesta candidez.
No cejabamos de irnos hacia los discretos médanos,
era un instante feliz, un momento pletórico y, por debajo esa
secreta sensación nos unió hasta el momento amoroso.
La luna plena iluminó tu cara, tus labios atontados por mis besos
se entreabrían, tu cara iluminada por la luna era demasiado bella.
Ese verano imprevisible terminó de forma repentina,
y al partir pretendí olvidarte, pero fue inútil y lo sabía,
me arrastraba la noche lunar, diferente a todas las noches.
Hoy retorné, desperté con el temor de no encontrarte y
te busqué con los ojos cegados.
El fuerte sol cedió paulatinamente.
Te vi en la playa sin captar tu transformación,
inesperadamente agresiva discutías con tu nuevo amor.
Me alejé. Imágenes entristecidas se superponían con el amor
imposible que retornaba en la face esplendorosa.
Pero esas imágenes rezagadas eran del todo inconclusas.
tonteras te hacían reir,
con mi sangre ardiente sentí un gran desprecio
hacia mi mísmo.
Me llenaban sensaciones extrañas , era como si todos
pudieran acoplarse impunemente,
mientras nos compenetrabamos en los juegos habituales,
disfrutabamos del embravecido mar, del sanguíneo oleaje.
De pronto atardecía y nos fuimos alejando, temores,miedos
inexplicables, demasiado gente en derredor es caos,
son capaces de una gran destrucción y de pronto se hunden
en una masa informe.
Se evidenció de repente tu matiz peculiar, una manifiesta candidez.
No cejabamos de irnos hacia los discretos médanos,
era un instante feliz, un momento pletórico y, por debajo esa
secreta sensación nos unió hasta el momento amoroso.
La luna plena iluminó tu cara, tus labios atontados por mis besos
se entreabrían, tu cara iluminada por la luna era demasiado bella.
Ese verano imprevisible terminó de forma repentina,
y al partir pretendí olvidarte, pero fue inútil y lo sabía,
me arrastraba la noche lunar, diferente a todas las noches.
Hoy retorné, desperté con el temor de no encontrarte y
te busqué con los ojos cegados.
El fuerte sol cedió paulatinamente.
Te vi en la playa sin captar tu transformación,
inesperadamente agresiva discutías con tu nuevo amor.
Me alejé. Imágenes entristecidas se superponían con el amor
imposible que retornaba en la face esplendorosa.
Pero esas imágenes rezagadas eran del todo inconclusas.
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