viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya Midas toca el campo,
ceniza rubia de pasado verde.
Áridas romanzas de cigarras
pariendo el trampolín de las semillas.
Mis ojos, más viejos todavía
que la sombra escasa,
más cansados que el aire caliente,
se evaporan de esperanza,
temerosos de la tierra muerta
sepulta siempre en sí misma.
Y el hambre, que nunca descansa,
ese apetito de latidos acelerados
pujando con gemidos
por tu ínclita carne,
reza, profundamente converso,
al invierno en lata
del aire acondicionado,
para que obre su milagro
y nos autorice el amor.
Existe la primavera,
pero está ya tan gastada
que parece arena de colores
en cualquier playa,
siempre comiendo olas
de feromonas y miedo
a desaparecer en silencio.
Luz, soy luz,
predeterminado a ser agua
en tus labios sedientos.
Por fin mi destino
se desnuda del todo.
ceniza rubia de pasado verde.
Áridas romanzas de cigarras
pariendo el trampolín de las semillas.
Mis ojos, más viejos todavía
que la sombra escasa,
más cansados que el aire caliente,
se evaporan de esperanza,
temerosos de la tierra muerta
sepulta siempre en sí misma.
Y el hambre, que nunca descansa,
ese apetito de latidos acelerados
pujando con gemidos
por tu ínclita carne,
reza, profundamente converso,
al invierno en lata
del aire acondicionado,
para que obre su milagro
y nos autorice el amor.
Existe la primavera,
pero está ya tan gastada
que parece arena de colores
en cualquier playa,
siempre comiendo olas
de feromonas y miedo
a desaparecer en silencio.
Luz, soy luz,
predeterminado a ser agua
en tus labios sedientos.
Por fin mi destino
se desnuda del todo.