José Luis Pineda
Exp..
Como me cuesta ver en tus ojos las barbas
que te pones para evitar mi encuentro.
Yo no lo sé
pero se vuelven cuarzos de Líbano,
esos muros que se acuestan
entre tus ojos y los míos.
Quiero pensar un poco en esa tarde,
cuando una blusa de escarabajos,
llenaba cada palabra tuya,
cuando eras no todo el mundo,
sino una promesa en el vaho
y un suspirar ,
de la pureza más viva.
Corrígeme si no es cierto.
Pero entonces,
te rasurabas los ojos
cuando buscabas mi acento
y mi acento se echaba contigo
y contigo el manzano no fue sino una galaxia fértil,
justo a la orilla de lo bermejo y simple.
Y goza entonces ahora,
cuando en los ojos,
no puedo ser un rastrillo
y ya cuando a la sombra,
ni es tu oreja una poza de loros,
ni es mi mano,
un arpegio de luna.
que te pones para evitar mi encuentro.
Yo no lo sé
pero se vuelven cuarzos de Líbano,
esos muros que se acuestan
entre tus ojos y los míos.
¿Es que te pones risueña
para escucharme menos?
para escucharme menos?
Quiero pensar un poco en esa tarde,
cuando una blusa de escarabajos,
llenaba cada palabra tuya,
cuando eras no todo el mundo,
sino una promesa en el vaho
y un suspirar ,
de la pureza más viva.
Corrígeme si no es cierto.
Pero entonces,
te rasurabas los ojos
cuando buscabas mi acento
y mi acento se echaba contigo
y contigo el manzano no fue sino una galaxia fértil,
justo a la orilla de lo bermejo y simple.
Y goza entonces ahora,
cuando en los ojos,
no puedo ser un rastrillo
y ya cuando a la sombra,
ni es tu oreja una poza de loros,
ni es mi mano,
un arpegio de luna.
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