Miguel Lares
Poeta recién llegado
Verdado de caza
El amor es un sueño delicioso
y afectuoso a las primeras palabras.
El sentimiento es un pasado chocoso y caprichoso
a las dichas de un tiempo.
El mundo profesa la caza de aventuras
en largas tardes de otoño de alturas,
con el semblante de un fuerte amor que estremece
y que añora el ritmo de un sonido que se mece.
Ocúltate en mi secreto alterable
porque grito una vez y poco después,
yo he visto el fuego de tu amor
la veste mas flemáticos, que más serenos,
te afirmo al paso humildemente
y leve a los más románticos, que más veneros.
La llamo por su mismo nombre
hasta cometer afligió entero,
con el eco de tu voz más no entretejo,
y una vez y otra, nunca te olvido en juramento,
y una vez y otra, te visto en el firmamento.
Bastaba con solo buscar entre mis recuerdos
para crear escenas tuyas inéditas,
entume mi cuerpo; ella lo admitía,
cambiando quisiera ella morir, quizás no sabia
que frente al sol su rostro fluía.
La abnegación, la delicadeza, la intuición
y el buen gusto; la belleza,
no es ciega, pero no me ve,
tampoco sabe hablar, ni andar,
como la piel de un hombre desollado anda sin conectar.
El amor es un sueño delicioso
y afectuoso a las primeras palabras.
El sentimiento es un pasado chocoso y caprichoso
a las dichas de un tiempo.
El mundo profesa la caza de aventuras
en largas tardes de otoño de alturas,
con el semblante de un fuerte amor que estremece
y que añora el ritmo de un sonido que se mece.
Ocúltate en mi secreto alterable
porque grito una vez y poco después,
yo he visto el fuego de tu amor
la veste mas flemáticos, que más serenos,
te afirmo al paso humildemente
y leve a los más románticos, que más veneros.
La llamo por su mismo nombre
hasta cometer afligió entero,
con el eco de tu voz más no entretejo,
y una vez y otra, nunca te olvido en juramento,
y una vez y otra, te visto en el firmamento.
Bastaba con solo buscar entre mis recuerdos
para crear escenas tuyas inéditas,
entume mi cuerpo; ella lo admitía,
cambiando quisiera ella morir, quizás no sabia
que frente al sol su rostro fluía.
La abnegación, la delicadeza, la intuición
y el buen gusto; la belleza,
no es ciega, pero no me ve,
tampoco sabe hablar, ni andar,
como la piel de un hombre desollado anda sin conectar.