cesarlucil
Poeta que considera el portal su segunda casa
A Doña Sara, por refugiarme.
A Guatemala, tierra mágica.
Verde silueta, mais en boca triste,
corazón que columpia los recuerdos
y las manos vacías que se colman
de veredas y ríos con leyenda.
Carrusel que dispuso sus colores
en el rostro perdido en las distancias,
militante del sueño y de la vida
y plegaria que sigue siendo brazo.
He pedido perdón a mis verdugos,
a mis viejos temores, a mis simples
horizontes de tierra y de visiones
que se pegan al hombre y su miseria;
a las noches en vela mientras pasa
una pena infinita por sus sombras,
a tu voz suspendida entre los gritos
y al derribo de puertas y a los golpes;
al olor de los cerdos, al Motagua
y su fondo repleto de cadáveres,
a mi esposa de trigo y de marfiles
que moldea mi arcilla entre sus dedos.
Pero todas las cosas me responden
y me dicen que el mito se construye
con la sangre del indio, cuando sabe
que lo habita un quetzal en los destierros.
A Guatemala, tierra mágica.
Verde silueta, mais en boca triste,
corazón que columpia los recuerdos
y las manos vacías que se colman
de veredas y ríos con leyenda.
Carrusel que dispuso sus colores
en el rostro perdido en las distancias,
militante del sueño y de la vida
y plegaria que sigue siendo brazo.
He pedido perdón a mis verdugos,
a mis viejos temores, a mis simples
horizontes de tierra y de visiones
que se pegan al hombre y su miseria;
a las noches en vela mientras pasa
una pena infinita por sus sombras,
a tu voz suspendida entre los gritos
y al derribo de puertas y a los golpes;
al olor de los cerdos, al Motagua
y su fondo repleto de cadáveres,
a mi esposa de trigo y de marfiles
que moldea mi arcilla entre sus dedos.
Pero todas las cosas me responden
y me dicen que el mito se construye
con la sangre del indio, cuando sabe
que lo habita un quetzal en los destierros.
[SIZE=+1]
[/SIZE]
Última edición: