Évano
Libre, sin dioses.
Incrustada, torcida, rota
la verde madera de la ventana
deslucida muere en la fachada
de un verano en la memoria.
No, no quiero. La abro, vuelvo
y paseas desnuda frente al espejo
mientras sonríe el rumor de la corriente
del río correteando, reluciente,
fresco, sonriendo a tu reflejo.
Y yo te veo, desde un afuera ardiente
de aquella aldea donde el cielo
bajaba cada día para verte verte verte.
¿Quién dice dónde estoy, dónde debo?
Quiero estar allí, siempre, siempre siempre...
Viéndote feliz, siendo vida
y dando tanta, con tanta alegría
que hasta el diablo revienta, todavía.
Gracias por leer.
la verde madera de la ventana
deslucida muere en la fachada
de un verano en la memoria.
No, no quiero. La abro, vuelvo
y paseas desnuda frente al espejo
mientras sonríe el rumor de la corriente
del río correteando, reluciente,
fresco, sonriendo a tu reflejo.
Y yo te veo, desde un afuera ardiente
de aquella aldea donde el cielo
bajaba cada día para verte verte verte.
¿Quién dice dónde estoy, dónde debo?
Quiero estar allí, siempre, siempre siempre...
Viéndote feliz, siendo vida
y dando tanta, con tanta alegría
que hasta el diablo revienta, todavía.
Gracias por leer.