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Verde

LOTO CON LETRAS

Echa a volar tus pájaros imaginarios
Mecenas
La hoja cuando se cae del árbol, se desprende de lo que la sujeta. Se deja languidecer, como las otras hojas meciéndose en el suelo. Se acaricia con el viento, se palidece, deja de ser su verde. Hasta que acaba como parte de la tierra que la acoge, pintándose de marrón.

Ya no es más aquella hoja, que tiembla cuando el pájaro se apoya sobre su rama para descansar, y tomar impulso. Ni aquella que brilla con el sol, ni la que dibuja el color esperanza.

Se descompone sobre la tierra, donde alimenta las raíces de su árbol .
 
La hoja cuando se cae del árbol, se desprende de lo que la sujeta. Se deja languidecer, como las otras hojas meciéndose en el suelo. Se acaricia con el viento, se palidece, deja de ser su verde. Hasta que acaba como parte de la tierra que la acoge, pintándose de marrón.

Ya no es más aquella hoja, que tiembla cuando el pájaro se apoya sobre su rama para descansar, y tomar impulso. Ni aquella que brilla con el sol, ni la que dibuja el color esperanza.

Se descompone sobre la tierra, donde alimenta las raíces de su árbol .
Me ha gustado el mensaje de un nuevo ciclo con un nuevo comienzo.

Saludos
 
Tu texto es hermoso, profundamente simbólico. Con tu permiso, quisiera tomar la esencia de tu escrito y transformarla en una prosa lírica, respetando su significado y la sensibilidad que transmite. Tu forma de describir la caída de la hoja no solo habla de la naturaleza, sino de los procesos humanos: soltar, transformarse y volver a la raíz. Me gustaría reinterpretarlo desde esa misma emoción, dándole otra voz sin perder su alma.

A veces también yo he sido hoja.

Me he sostenido a algo que creía eterno,
temblando con cada viento,
brillando cuando la luz me encontraba,
convencido de que ese era mi lugar.

Hasta que un día, sin aviso,
algo cedió.

No fue un golpe,
no fue un ruido,
fue apenas un desprendimiento suave,
inevitable.

Caí.

Y en la caída no hubo tragedia,
solo una lenta comprensión
de que dejar de ser
también es una forma de existir.

En el suelo, todo es distinto.

El mundo ya no se mira desde arriba,
se siente.

El viento no empuja,
acaricia.

El tiempo no apura,
transforma.

Y poco a poco
uno va perdiendo el verde,
ese brillo que antes parecía identidad,
como si la vida te enseñara
que no eres solo lo que eras.

Porque al final,
no desapareces.

Te vuelves otra cosa.

Te mezclas con la tierra,
te deshaces sin prisa,
te conviertes en lo que alimenta
lo que alguna vez te sostuvo.

Y entonces entiendes:
no era caída,
era regreso.
 

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