Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Verdes efluvios al Poeta sin final
Espada de corte limpio,
si me cortas la cabeza
la señal será distingo;
que el decir de la palabra
sin destreza,
será sólo rareza
voluntad de queja y habla,
la última proeza
de un sol hacia el Olimpo.
Ramiro, el poeta
se está quedando ciego
diciendo tonterías;
en su falsa melodía
demuestran su ceguera;
modestias en su ego
que cree que son poesía.
Comparto algunos vuelos,
y sé de la valía
que tienen los poemas;
están llenos de celos
más bien en la prosodia;
que nace en la parodia
un poeta por los pelos,
que es la paranoia
de ser la paronimia,
y dejan lo más bello
ángel duende de la historia.
¡Allí!, entre los verdes efluvios,
junto a los juncos que tiemblan,
y en los oscuros repechos,
se desvisten auroras azules
y las blancas palomas
se cubren de doradas cenizas;
brillantes augurios de ocasos vencidos
en un mar de verdades;
esperanzas de nieves inmaculadas
que sucumben estériles
para dar paso a la vida.
Dar el buen amor,
y esperar aún de la ignorancia
la maldad de una respuesta,
que se excusa involuntaria
sin saber de caridad,
ni tener a todo un sol
cuya luz nos da esperanza.
Así ofrezco yo
sin esperar algara a cambio,
que donarlo por amor,
con condición no obtiene gracias,
ni merece la atención
el responder si no hay agravio.
Pasa el tiempo, y me ignora,
y sin embargo sigo envejeciendo.
¡Cuántas horas pasarán
y no sabrán que estoy muriendo!
Vosotras auroras,
vosotros ocasos,
soñadores sois entre mis pasos,
y cuando estos son demoras,
aun con pies que anden descalzos,
contareis si alguna vez
no sucedió el milagro fe,
y uno de dos quedó en un lapso.
Y me iré tras la cortina
de invisible geometría,
donde espacio es infinito
y universo la mirilla.
Si mirar no cuesta nada
miraré gratis el mundo;
si lo observo y no veo guía
cruzaré el telón severo
y dictador seré oriundo,
con el lado que porfía
oteador y traicionero.
No os preocupéis por mí
poetas de palabras,
la belleza aquí
no es triste ni vaga;
que viaja en lo bello sin fin
si la nada no es encontrada;
por eso mi danza es un baile
que ondula en vuestras almas.
¡Escuchad el canto que fui!,
y viviré en vuestras altas montañas.
Lo que veo no es la esencia
ni el inicio es material;
es por eso que hay solvencia,
que un finito universal,
no lo es sin la paciencia
de un poeta sin final.