Veredicto.

Angel Acosta

Poeta recién llegado
Hace apenas segundos un locutor radial exhortó a opinar sobre la resignación, pero… no se preocupe que… aquí en Santa Magdalena… hay tantas opiniones como rollos de papel sanitario. Entre otros criterios escuché… (y voy a tratar de escribirlos)… que la resignación es un alma ausente de memoria. Una angustia con pecho. Un amor sin canciones. Y que la resignación existe porque alguien inventó las cruces pues las personas nobles son incomprendidas. Raras. Arrinconadas. Solitarias… Bueno… pensándolo mejor… las personas incomprendidas (igual que yo) son hiperactivas y como la impetuosidad, fogosidad y pasión son enemigos de la calma, sus vidas resultan súper interesantes. Entonces… los hiperquinéticos (así como yo) son dichosos a pleno pulmón. Quiero decir… son personas alegres; digamos, felices a lo grande… ¡Ahhh! ¿No lo sabe? Resignarse con entusiasmo no es condenarse. Le explico. Siguiendo los pasos de la lógica, una resignación divertida también funciona. Pues cualquier resignada satisfacción está relacionada con el cordón umbilical. Sin dudas… ¡nacer es tremenda fiesta! Nadie se resigna a la muerte. Los entusiastas hiperquinéticos (así como yo) queremos renacer. Reinventarnos. Hacemos proyectos. Y hartos de sueños empezamos a formar parte de un misterioso inventario. Donde la resignación es sinónimo de juicio. Sabiduría. Madurez… ¡Coñooo!... ¿Resignada madurez?... ¡Nonono! Aquí algo anda mal… ¡Muyyy mal!... Decididamente hoy no voy a seguir escribiendo … ¡Joderrr!… de tanto resignarme … ¡estoy podrido!
 

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