Vernorexia primaveral

ADEXFI

Poeta adicto al portal
Vernorexia primaveral

Bueno, ella es Andrea.
No se anda con rodeos.
Ella es como es.
Estar con un hombre,
estar con una mujer, le da igual.

¡Oye, te olvidaste!
Hoy día quedamos en ver a los hindúes...
¿Que hindúes? -respondo-

Estar rumbo, a la ciudad
donde el sol parece brillar más.
La promesa de llevarla
al fin del mundo.
Es que su moto se malogró así.

Entrar a un local pequeño, místico.
Con aromas de incienso.

Porque me dio ternura verla...
tratando de escapar del mundo.
La contemplo y le acaricio la cabeza.

Al verla apoyada en el estante,
parecía una niña,
mirando caramelos para comprar.

Al regreso, mirar solo la carretera
llena de autos, mientras la escuchas
hablar sobre la última novela que
había leído, creo que era Crepúsculo
una historia de vampiros light.

La escena de la pelea, entre los vampiros
vs. los licántropos. Oye.
La película no da la talla.
¡Tienes que leerla!


Ya. Le respondo.
Prendió un fallo.
Sujetando el cigarrillo,
con su mano, llena de anillos de metal,
extendiéndola hacia mi boca.

Dale una piteada “chamo”.
Le di una aspirada.
Más fuerte “chamo”.
Aspira más fuerte.
Bueno. Haber.
Aspire a todo pulmón.

Total, que puede hacerme daño, ya.
No pasó ni dos minutos y me pareció
bajar al infra-mundo.

¿Oye que me has dado? -le preguntó-
Y mi voz la escuchaba, como si estuviera
lejos, muy lejos de allí.

Ya manejaba, en otra realidad.

Eso pues “chamo”... - me responde-
Una voz arrastrada, incoherente.
Volteo a mirarla, y estaba recostada
en la puerta del auto.
Como después de una noche terrible.
Desvanecida. En paz.

Lo último que alcance a escuchar
antes de estacionarme a duras penas
al borde de la pista fue:
Estrellémonos.

 
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