No es la luna: es un foco sucio
que vigila desde arriba la sangre,
y en su luz descompuesta
se amontonan los papeles,
los números, las bocas.
Hacienda.
Nombre seco,
nombre de piedra en la lengua,
nombre que no responde cuando gritan.
¿Dónde está el hombre?
¿Dónde su pan, su hijo, su cansancio?
Lo buscáis entre columnas
y sólo halláis ceniza numerada.
Abrís las venas del día
con vuestras manos sin pulso,
y contáis, contáis, contáis,
mientras la vida se pudre en los márgenes.
He visto mesas devorando jornales,
sillas que crujen de tanto silencio,
archivos que respiran como bestias
hinchadas de sudor ajeno.
¡No!
No es justicia ese frío,
no es ley ese diente que desgarra,
no es orden esa noche que se impone.
Decís: equilibrio.
Y es mentira.
Decís: deber.
Y es mentira.
Sólo hay un pozo oscuro
donde arrojáis los nombres,
y un eco que devuelve
cifras, cifras, cifras.
¿Quién recoge al hombre roto?
¿Quién levanta su sombra triturada?
Nadie.
Nadie en vuestros libros.
Porque no sois balanza:
sois hambre organizada,
sois cálculo sin alma,
sois la noche sin grito.
Y yo lo digo ahora,
con la boca llena de rabia:
no cabrá la vida entera
en vuestra cuenta cerrada.
que vigila desde arriba la sangre,
y en su luz descompuesta
se amontonan los papeles,
los números, las bocas.
Hacienda.
Nombre seco,
nombre de piedra en la lengua,
nombre que no responde cuando gritan.
¿Dónde está el hombre?
¿Dónde su pan, su hijo, su cansancio?
Lo buscáis entre columnas
y sólo halláis ceniza numerada.
Abrís las venas del día
con vuestras manos sin pulso,
y contáis, contáis, contáis,
mientras la vida se pudre en los márgenes.
He visto mesas devorando jornales,
sillas que crujen de tanto silencio,
archivos que respiran como bestias
hinchadas de sudor ajeno.
¡No!
No es justicia ese frío,
no es ley ese diente que desgarra,
no es orden esa noche que se impone.
Decís: equilibrio.
Y es mentira.
Decís: deber.
Y es mentira.
Sólo hay un pozo oscuro
donde arrojáis los nombres,
y un eco que devuelve
cifras, cifras, cifras.
¿Quién recoge al hombre roto?
¿Quién levanta su sombra triturada?
Nadie.
Nadie en vuestros libros.
Porque no sois balanza:
sois hambre organizada,
sois cálculo sin alma,
sois la noche sin grito.
Y yo lo digo ahora,
con la boca llena de rabia:
no cabrá la vida entera
en vuestra cuenta cerrada.
