Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Te nombro con la voz que me nace del centro,
con esa que no sabe mentir ni esconderse,
la que sube como un incendio lento
desde lo más hondo de mi pecho.
Te amo en la forma secreta del silencio,
en la raíz que no se ve pero sostiene,
en la respiración que se queda contigo
aunque te marches.
Eres la herida dulce que no quiero cerrar,
la luz que me atraviesa cuando cierro los ojos,
la razón por la que mi noche
no termina de ser oscura.
He arrancado estos versos de mí
como quien arranca un pedazo de vida,
porque no supe guardarlos,
porque no supe callarte.
Y aquí estás—
hecha palabra,
hecha latido,
hecha eternidad en mis manos.
Si me faltas,
no me queda el mundo,
me queda el eco.
Si me miras,
todo florece.
Y entonces entiendo
que amar no es poseer,
sino dejar que el alma
se pronuncie en otro cuerpo.
Te escribo así,
con el pecho abierto,
porque hay amores
que no caben en la piel
y necesitan desbordarse
para existir.
con esa que no sabe mentir ni esconderse,
la que sube como un incendio lento
desde lo más hondo de mi pecho.
Te amo en la forma secreta del silencio,
en la raíz que no se ve pero sostiene,
en la respiración que se queda contigo
aunque te marches.
Eres la herida dulce que no quiero cerrar,
la luz que me atraviesa cuando cierro los ojos,
la razón por la que mi noche
no termina de ser oscura.
He arrancado estos versos de mí
como quien arranca un pedazo de vida,
porque no supe guardarlos,
porque no supe callarte.
Y aquí estás—
hecha palabra,
hecha latido,
hecha eternidad en mis manos.
Si me faltas,
no me queda el mundo,
me queda el eco.
Si me miras,
todo florece.
Y entonces entiendo
que amar no es poseer,
sino dejar que el alma
se pronuncie en otro cuerpo.
Te escribo así,
con el pecho abierto,
porque hay amores
que no caben en la piel
y necesitan desbordarse
para existir.