Fulgencio Cibertraker
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy quiero escribir los versos más amargos
sumergido en la pena del malestar ahogo
pues la lagrimas me resbalan por la boca
su agrio sabor a resquemor salado.
Me acerco a la orilla del mar atenazado
gritando hasta el ahogo seco de la arcada
y la pena vomita, llegándose a la náusea
respirando a bocanadas su última brisa.
La orilla se acerca con su rumor pausado
compuesta por las lágrimas allí vertidas
que se juntan con las mías emitidas
con agrio sabor a lápidas del pasado.
Otrora salinidad de mentes derramadas
congregada y reunida desde hace milenios
que ofrecieron pobre martirio y consuelo,
que sola te quedas, quejumbrosa humanidad.
Tengo solo tu recuerdo y una voz que grita, Fátima.
sumergido en la pena del malestar ahogo
pues la lagrimas me resbalan por la boca
su agrio sabor a resquemor salado.
Me acerco a la orilla del mar atenazado
gritando hasta el ahogo seco de la arcada
y la pena vomita, llegándose a la náusea
respirando a bocanadas su última brisa.
La orilla se acerca con su rumor pausado
compuesta por las lágrimas allí vertidas
que se juntan con las mías emitidas
con agrio sabor a lápidas del pasado.
Otrora salinidad de mentes derramadas
congregada y reunida desde hace milenios
que ofrecieron pobre martirio y consuelo,
que sola te quedas, quejumbrosa humanidad.
Tengo solo tu recuerdo y una voz que grita, Fátima.
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