Es lo que hay
Poeta recién llegado
Mi sangre serena es ponzoña y estigma
con sus garfios impíos que me aíslan
en la sucia morada de la leprosería
de sus almas ciegas y perdidas.
Droga es mi cuerpo en tus labios
deshaciéndose con su furibundo tacto,
en el paso incansable del amor metálico
adentrándose en mi ser reventado,
sanando profético tu miseria y engaño.
Te poseeré, entre cadenas de oro rotas
cuando tu cuerpo sea cicatriz sin daño
aleteando mi angustia de palabras secas
y mi carne trémula, comunión profanada
en el altar de la parca salvaje y desbocada.
Pasto de amapolas y mariposas ebrias
alimentaran los sueños descarriados
pintando en las olas planas del naufragio
las sílabas poderosas de la soberbia,
de la angustia, del perdón y la pena,
del deseo y la incondicional entrega.
Salvado del edén deseado por el niño,
que se esconde detrás de la tormenta,
volveré a besar tus pústulas con sigilo
para que despiertes rugiente y hambrienta
de mi dulce veneno adicto y secreto
y seas diosa errante en mi inviolable gueto.
Somos el pasto del tiempo muerto,
de la angustia y el miedo.
Y construimos nuestro edén imaginario
con los restos de la guerra
que nos afligimos a nostros mismos.
Es lo que hay