Cuando miro en mi espejo del futuro
y veo ese hombre que cabalga
desgajándose las lanzas y los arreos plenilunios
me veo reflejado en el cenit de mi fracaso.
Cuando aparto la hojarasca y las raíces que me ocultan de los cielos
y una joven mariposa ronronea entre mis dedos
cuando alcanzo la que creo será la última curva de este mundo mío
trato de inventar paisajes nuevos en noches iluminadas.
Navego junto a otros miles por las aguas podridas por el fuego de las hiedras
y me veo resplandeciente como un ave del paraíso
la ciudad ya no me purifica pero me quedan las noches de luna
y alguna bestia que respire al mismo ritmo que yo.
Qué gran vacío de dioses y de esperanzas sin ecos oxidados
qué negritud en el alma que fue brillante faro en las rocas donde dormían las sirenas.
Y donde han quedado mis alas de genuino mercurio
y donde esa ciudad nueva en la que podría venderme como esclavo.
Hombre soy pero estoy deshabitado
como una esfera o bóveda destrozada en un naufragio
mis ángeles abandonan la esperanza de encontrarme
y claman contra los vientos que de su lado me apartan.
Pero ese lamento es el mío
Que ningún ángel me lo usurpe
Es mi carga y mi legado.
Doblado como una roca
hacia el más profundo abismo
hago de mis ojos lagos que permitan
mis llantos o mi suicidio.
Ilus.: Fotograma del film: “El gabinete del Dr. Caligari”, de Robert Weine. 1920
y veo ese hombre que cabalga
desgajándose las lanzas y los arreos plenilunios
me veo reflejado en el cenit de mi fracaso.
Cuando aparto la hojarasca y las raíces que me ocultan de los cielos
y una joven mariposa ronronea entre mis dedos
cuando alcanzo la que creo será la última curva de este mundo mío
trato de inventar paisajes nuevos en noches iluminadas.
Navego junto a otros miles por las aguas podridas por el fuego de las hiedras
y me veo resplandeciente como un ave del paraíso
la ciudad ya no me purifica pero me quedan las noches de luna
y alguna bestia que respire al mismo ritmo que yo.
Qué gran vacío de dioses y de esperanzas sin ecos oxidados
qué negritud en el alma que fue brillante faro en las rocas donde dormían las sirenas.
Y donde han quedado mis alas de genuino mercurio
y donde esa ciudad nueva en la que podría venderme como esclavo.
Hombre soy pero estoy deshabitado
como una esfera o bóveda destrozada en un naufragio
mis ángeles abandonan la esperanza de encontrarme
y claman contra los vientos que de su lado me apartan.
Pero ese lamento es el mío
Que ningún ángel me lo usurpe
Es mi carga y mi legado.
Doblado como una roca
hacia el más profundo abismo
hago de mis ojos lagos que permitan
mis llantos o mi suicidio.
Ilus.: Fotograma del film: “El gabinete del Dr. Caligari”, de Robert Weine. 1920
