Octaviano Mundo
Poeta recién llegado
Seguí la blanca mano del tardío asfalto.
Las mil señales de su largo índice.
Los miles iris, del ardiente ojo de un dios.
Las miles de miradas de un ensombrecido paraíso.
Me perdí, entre los miles de reflejos lunares.
Entre los miles de rayos solares abisales.
Ví las entrañas del universo; las venas terrestres.
Las hondas raíces del tiempo.
El viento distante.
Rebosar, las amargas aguas de la soledad,
En un desierto poblado.
La crueldad, entre los frágiles gérmenes.
Y una luz humana; siempre,
Entre los vastos, y tantos inciertos.
Las mil señales de su largo índice.
Los miles iris, del ardiente ojo de un dios.
Las miles de miradas de un ensombrecido paraíso.
Me perdí, entre los miles de reflejos lunares.
Entre los miles de rayos solares abisales.
Ví las entrañas del universo; las venas terrestres.
Las hondas raíces del tiempo.
El viento distante.
Rebosar, las amargas aguas de la soledad,
En un desierto poblado.
La crueldad, entre los frágiles gérmenes.
Y una luz humana; siempre,
Entre los vastos, y tantos inciertos.
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