Heyyyy faltó la aclaración.... pasa que una mucama solia llevarle galletas a diario... y esa mucama se llamaba Libertad. (Nahh... una broma para relajar la tensión... mía claro está).
Abrazos con energía y amistad.
Tenés razón, faltó la aclaración del cuento.
Te dejo lo que dice en su análisis completo, porque tiene muchos matices para rescatar, y todos son importantes.
Para ayudarnos a pensar las enseñanzas de los cuentos, la tradición suele agregarles una cita. En este cuento, el comentario es el siguiente:
“El Maestro dice: Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla”. La enseñanza queda centrada en el loro y en el reclamo de libertad.
En la tradición, el loro sugiere la figura del guardián, capaz de acompañar a una persona, como el anciano del cuento. Su habilidad de “hablar”, lo convierte en un símbolo de la comunicación, aunque, a veces, significa la parodia no maliciosa. “Hablar como loro” es un dicho que se refiere a la sobreabundancia en la expresión oral, o a la repetición sin conocimiento del sentido de las palabras. Es uno de los aspectos resaltados en la narración.
En el subcontinente indio, el loro es una figura mítica que ayuda al alma del ser humano a volar. Esta ave tiene un aspecto bello, especialmente referido al color de su plumaje. También, en aquella región, es un símbolo del amor.
En el relato, el loro reclama uno de los dones más preciados de todos los hombres: la libertad. Es lo más evidente que tenemos en nuestra naturaleza humana, el principio que nos permite obrar, como también pensar y hablar, sin hipocresía. Por ella vale la pena vivir la aventura de la vida.
El Maestro enseña que, si no se vive la libertad interior, no hay libertad plena. Es uno de los principios que aplicaba Mahatma Gandhi (1869-1948) en su acción independentista: “No se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”.
El invitado se equivoca al ignorar el hecho de que la libertad es inherente al ser humano, no la recibimos de nadie sino que está en nosotros por lo que somos. Si queremos ayudar a alguien, lo que tenemos que hacer es acompañar el camino interior para que cada persona alcance su libertad interior y, con el mismo respeto, unirse a otros para vivir una auténtica libertad en común. Si no lo hacemos así, hacemos el daño que provoca el visitante, es decir, provocamos el terror del loro.
La conclusión del cuento propuesta por el Maestro nos abre las puertas a otro aspecto de las relaciones humanas, más delicado de tratar. Cuando el amigo organiza un plan para atender los reclamos del loro, comete otro error: la ingratitud con el anciano que le ha brindado una magnífica recepción. Llama la atención que el visitante abandone el encuentro sin terminar de saborear el té, y en ningún momento se proponga hablar con el noble anciano que tan bien lo ha tratado.
La amistad sólo podría tener lugar a través del desarrollo del respeto mutuo y dentro de un espíritu de sinceridad. Y en las dos formas falla el visitante. Primero no respeta al anciano suponiendo que no tiene compasión por el ave que lo acompaña. En segundo lugar, no es sincero con su anfitrión, y no le cuenta de su aflicción por la queja del loro.
Una relación de amistad tiene principios inamovibles. Como expresa Gabriela Mistral (chilena, 1889-1957): “Decir amistad es decir entendimiento cabal, confianza rápida y larga memoria; es decir, fidelidad”. La verdadera amistad no debe ser sospechosa en nada. En el caso del cuento, el visitante deja una capa de duda sobre el anciano, sin ninguna justificación. De esta manera, creyéndose un liberador del ave, la aterroriza, invade vanidosamente el lugar del anfitrión. Se dice que la amistad humana es muy difícil de llevar adelante. Exige inteligencia, afecto sincero y dedicación constante. Si la respetamos, nos lleva por el buen camino.
En el cuento se aplica un dicho popular que acompaña la vida de los hombres con su sabiduría: “el que da pan a perro ajeno, pierde el pan, pierde el perro y la amistad de su dueño”.
-Mira todo el jugo que se puede sacar de un cuento de este estilo, y todo verdadero. ahora hay que aplicarlo a todo para ver las fallas que pueden haber en la vida social de los seres humanos.
un fuerte abrazo, y con energía, sí, pues de eso estamos constituidos.
