Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que al alma que hablar puede con los ojos,
también puede besar con la mirada.
Gustavo Adolfo Bécquer
Anochece,
y en un rincón de la alcoba
penumbra del crepúsculo que anuncia,
mojadas de amor tus mejillas,
deshojas letras en un papel esbozadas.
Viajero latido,
el de tu corazón prisionero, que quisiera
cuando a tu ventana toca,
cabalgar con el viento enamorando ramas,
embelesando la luna
que entre colinas asoma.
Déjame en cada anochecer
entrar despacio,
susurrando letras para que me oigas,
para que cada palabra mía
siembre en ti una rosa.
Déjame en cada anochecer
un lugar en tus pupilas
para que tus labios muestren
cada noche una sonrisa
y así, vivir yo,
cada día en tus mejillas.
© Copyright