Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
La Luna me tocaba con mis manos,
el riachuelo purgaba sus caricias,
con reflejos del rostro de la noche.
Me miraste entre aguas,
entre cielo y murciélagos,
volaban las farolas,
respiraba el cemento la memoria del día.
Y tus pasos se iban, mientras que tú venías,
tu nombre sin mi grito,
estrellas en cristales,
este espacio sin rumbo se lo ha llevado el sol.
Un rebufo de luces,
de culebras de mármol,
de caídas sin golpes,
es la tonalidad del cementerio,
tiniebla de pasados cuando todo mi tiempo
muere en un solo instante de tu brisa.
Llévate la neblina,
ah, dama de mil rosas que soplan en mi oreja,
llévate este ruido de ventanas,
de metáforas,
que amenazan colores.
Ah, tú, sombra del mar,
¡inúndame de peces y de limo!
Ah, paisaje sin vistas, ¡aclárame los ojos!
el riachuelo purgaba sus caricias,
con reflejos del rostro de la noche.
Me miraste entre aguas,
entre cielo y murciélagos,
volaban las farolas,
respiraba el cemento la memoria del día.
Y tus pasos se iban, mientras que tú venías,
tu nombre sin mi grito,
estrellas en cristales,
este espacio sin rumbo se lo ha llevado el sol.
Un rebufo de luces,
de culebras de mármol,
de caídas sin golpes,
es la tonalidad del cementerio,
tiniebla de pasados cuando todo mi tiempo
muere en un solo instante de tu brisa.
Llévate la neblina,
ah, dama de mil rosas que soplan en mi oreja,
llévate este ruido de ventanas,
de metáforas,
que amenazan colores.
Ah, tú, sombra del mar,
¡inúndame de peces y de limo!
Ah, paisaje sin vistas, ¡aclárame los ojos!