Constantino
Poeta recién llegado
Casi al desenlace de lo dócilmente desbordado,
arrullado tras navegadas marejadas de melaza,
haza de ciruelas profusas y maduras,
veredas de estríbelos recorridos
ungidos con maderas cicatrizadas con nombres profusos:
amo la trágica destrucción de mi pecho cuando te veo.
Y en la manzana,
de cresta roja y vientre pacificador,
aquel que trata con labor la tierra de su árbol,
sembrador separado de materialismo,
yacedor bajo sombras que crecen de sus helechos,
me siento apaciguadamente libre
y mi costado se une con el agua.
Se tiende en la noche por firmes de aceras
el tenue e indulgente contorno idílico
cuando recorro esperanzado calles en mi espejismo,
y en calzadas abandonadas donde habita la luna
y sutiles halos amarillos de los focos,
me canta la prosperidad,
la soledad libre y tierna.
En el vendaval laxo y dilatado de mi boca
muerdo pues el almizcle del aura,
y el sentimiento en mis dedos se conjunta
con el recuerdo rosa del atardecer de tus labios.
Entelequia sosegada de esos caminos,
hierba benévola y fría,
en esa desidia de lo lúcido brota mi alegría,
y te estrecho y eres mía.
Constantino H.
arrullado tras navegadas marejadas de melaza,
haza de ciruelas profusas y maduras,
veredas de estríbelos recorridos
ungidos con maderas cicatrizadas con nombres profusos:
amo la trágica destrucción de mi pecho cuando te veo.
Y en la manzana,
de cresta roja y vientre pacificador,
aquel que trata con labor la tierra de su árbol,
sembrador separado de materialismo,
yacedor bajo sombras que crecen de sus helechos,
me siento apaciguadamente libre
y mi costado se une con el agua.
Se tiende en la noche por firmes de aceras
el tenue e indulgente contorno idílico
cuando recorro esperanzado calles en mi espejismo,
y en calzadas abandonadas donde habita la luna
y sutiles halos amarillos de los focos,
me canta la prosperidad,
la soledad libre y tierna.
En el vendaval laxo y dilatado de mi boca
muerdo pues el almizcle del aura,
y el sentimiento en mis dedos se conjunta
con el recuerdo rosa del atardecer de tus labios.
Entelequia sosegada de esos caminos,
hierba benévola y fría,
en esa desidia de lo lúcido brota mi alegría,
y te estrecho y eres mía.
Constantino H.