Armando Gómez
Poeta recién llegado
Cada vez me hago más abstracto, y por eso concreto
La historia de mi sangre, círculo de nacimiento
Como el jugo de tus labios, que son distinción y amuleto
De la caída de mi sombra, que deja calor en el texto
Nos sentimos desde el inexistente espacio
Prosa y verso, inmersos en tu palacio
Sin estructuras, porque ellas no encuentran su aroma
Si mi forma, que se diluye despacio
La tuya queda enmarcada en la pared, y se convierte en fe
Ciega y bondadosa, como el olor de este café
Mañaneras secuelas vienen a visitarme
Pero tus ojos las opacan y se van pensando en el anochecer
El atardecer trae perdón, que regala firme virtud
Trance del tiempo que pierde juventud
Muere en su gravedad cínica
Y vela su vívida muerte, dando eterna luz
Blanca, arrugada y fresca
Como sábana de nuestro encuentro
Cauta pero inquietante, con paciencia nos muestra
Que la razón por más terca, con sabiduría siempre pierde contexto
Indice del instinto, que apunta su visión exacta
Desde la bruma, coloca mi pluma intacta
Nuestro amor en un incienso autodidacta
Que como el aire forja lienzos, dejando su milenaria, pero nueva marca
Tono tras tono del soneto de tu vientre
No se si es música, o el cielo que mora en tu inconsciente
No se si es el sueño falso muriendo en el horizonte
Y sembrando en el monte, nuestro sello frágil, pero inherente
Tu visión cambia el norte de la belleza
Me hace volar hacia el sur, como la simpleza
Y me acompaña este nuevo modo de soltar mi alma
Dejando al karma, con su mortal torpeza
La torpeza del miedo que aún acecha tu ventana
Causa de mis risas inocentes, de cada semana
Mi entendimiento vacío y real es el problema de la vida
Como el libre albedrío que a veces aprisiona, pero al final salva al suicida...
La historia de mi sangre, círculo de nacimiento
Como el jugo de tus labios, que son distinción y amuleto
De la caída de mi sombra, que deja calor en el texto
Nos sentimos desde el inexistente espacio
Prosa y verso, inmersos en tu palacio
Sin estructuras, porque ellas no encuentran su aroma
Si mi forma, que se diluye despacio
La tuya queda enmarcada en la pared, y se convierte en fe
Ciega y bondadosa, como el olor de este café
Mañaneras secuelas vienen a visitarme
Pero tus ojos las opacan y se van pensando en el anochecer
El atardecer trae perdón, que regala firme virtud
Trance del tiempo que pierde juventud
Muere en su gravedad cínica
Y vela su vívida muerte, dando eterna luz
Blanca, arrugada y fresca
Como sábana de nuestro encuentro
Cauta pero inquietante, con paciencia nos muestra
Que la razón por más terca, con sabiduría siempre pierde contexto
Indice del instinto, que apunta su visión exacta
Desde la bruma, coloca mi pluma intacta
Nuestro amor en un incienso autodidacta
Que como el aire forja lienzos, dejando su milenaria, pero nueva marca
Tono tras tono del soneto de tu vientre
No se si es música, o el cielo que mora en tu inconsciente
No se si es el sueño falso muriendo en el horizonte
Y sembrando en el monte, nuestro sello frágil, pero inherente
Tu visión cambia el norte de la belleza
Me hace volar hacia el sur, como la simpleza
Y me acompaña este nuevo modo de soltar mi alma
Dejando al karma, con su mortal torpeza
La torpeza del miedo que aún acecha tu ventana
Causa de mis risas inocentes, de cada semana
Mi entendimiento vacío y real es el problema de la vida
Como el libre albedrío que a veces aprisiona, pero al final salva al suicida...