KOVAC
Poeta recién llegado
Han pasado diez años y dos inviernos
y todavía escucho sonidos de ambulancias
cuando dicen tu nombre.
Recuerdo tu cabello roto
salpicando mi mano como un gato
en el sofá, tú me preguntabas:
"¿No está la luna demasiado lejos
como para ser verdad"?
Yo te respondí:
"Tambien es real lo imposible"
y tu sonrisa
era una paloma escapando de la jaula.
Luego en la High Street bailamos de puntillas
y el eco de la noche nos abrazaba.
Yo recuerdo el humo en tus ojos,
no sé si tú me recuerdas
afilando con mi lengua tu cuchillo.
En medio del incendio, tú me preguntabas:
"¿Cuánto queda para que sea nunca?"
Yo te respondí:
"Es demasiado tarde para perder más tiempo".
En la ciudad los cristales
son el nido donde empiezan a escribirse los días.
Así en el jardín de detrás de la casa
la tarde se confunde con las hierbas
y el mundo parece sencillo.
Mientras tú deformabas las paredes
yo reducía a cenizas lo que tocaba.
Daba igual, tú me preguntabas:
"¿Por qué las sombras se van por la noche
si es cuando más las necesitamos?"
Yo te respondí:
"Es raro que lo preguntes tú".
Tu piel era un mapa de autopistas
y tu boca un volcán
debajo de un océano.
Yo una fruta colgada del árbol equivocado,
un huracán jugando con fuego
en un pajar seco.
No sé si me explico:
todavía te quiero.
y todavía escucho sonidos de ambulancias
cuando dicen tu nombre.
Recuerdo tu cabello roto
salpicando mi mano como un gato
en el sofá, tú me preguntabas:
"¿No está la luna demasiado lejos
como para ser verdad"?
Yo te respondí:
"Tambien es real lo imposible"
y tu sonrisa
era una paloma escapando de la jaula.
Luego en la High Street bailamos de puntillas
y el eco de la noche nos abrazaba.
Yo recuerdo el humo en tus ojos,
no sé si tú me recuerdas
afilando con mi lengua tu cuchillo.
En medio del incendio, tú me preguntabas:
"¿Cuánto queda para que sea nunca?"
Yo te respondí:
"Es demasiado tarde para perder más tiempo".
En la ciudad los cristales
son el nido donde empiezan a escribirse los días.
Así en el jardín de detrás de la casa
la tarde se confunde con las hierbas
y el mundo parece sencillo.
Mientras tú deformabas las paredes
yo reducía a cenizas lo que tocaba.
Daba igual, tú me preguntabas:
"¿Por qué las sombras se van por la noche
si es cuando más las necesitamos?"
Yo te respondí:
"Es raro que lo preguntes tú".
Tu piel era un mapa de autopistas
y tu boca un volcán
debajo de un océano.
Yo una fruta colgada del árbol equivocado,
un huracán jugando con fuego
en un pajar seco.
No sé si me explico:
todavía te quiero.
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