danie
solo un pensamiento...
La oscuridad y su damisela
con mano de antorcha
me ha vapuleado con su escozor,
pero la pesadilla
pasó colando el rocío teñido
por los testaferros rugosos.
Hoy de nuevo existo.
Ajeno al dolor
me levanto y grito
¡Vida!
sobre las alturas.
¡Vida, aquí estoy reclamando lo qué es mío!
con mano de antorcha
me ha vapuleado con su escozor,
pero la pesadilla
pasó colando el rocío teñido
por los testaferros rugosos.
Hoy de nuevo existo.
Ajeno al dolor
me levanto y grito
¡Vida!
sobre las alturas.
¡Vida, aquí estoy reclamando lo qué es mío!
Oh vida, cáliz de manantial,
de pronto te colmas con la lluvia escabrosa,
con el fermento vil de la agonía.
Te llenas de escalofriantes fruslerías,
perturbando mi mente ida
y algunos suponen que esa emanación de azufre
y algunos suponen que esa emanación de azufre
la fecundaras eternamente
¡Es qué eso no es vida, son suspiros del averno!
¡Suspiros y ramalazos que espantan la razón!
¡Suspiros y ramalazos que espantan la razón!
Libró mi mente del pesar mientras pienso
¡Cómo no decaer frente a las garras del infierno!
La noche con su filo,
pasa rosando mi pecho,
pero yo la afronto con fuerza y brío,
pasa rosando mi pecho,
pero yo la afronto con fuerza y brío,
con coraje desde mis adentros,
le hago frente con arrojo
y resulta que la muy cobarde
se escabuche entre mi andar grácil
¡Y pienso por qué no lo hice antes!
Porque me acobije sobre los mantos del dolor,
porque hice caso omiso a la vida y su albor,
porque no encontré la salida del amor
Todo paso, el cáliz del albor se colma
de la lucidez que refleja la luz.
De golpe vuelan las golondrinas
Y el polen prolífico disperso por la brisa
me despierta el olfato con el perfume de la flor.
La tempestad ya paso y el dolor se disperso.
El canto de las aves me abriga
con la visión cálida del sol.
Los poetas me deleitan los oídos
con sus trovas de pasión,
fervor por la grata vida
que no conocieron los ingenuos y cobardes
que te consideraban agria,
que te consideraban agria,
que nunca despertaron de su lecho
por sentir temor.
Los holgazanes que no tuvieron intensión
de enfrentar la desgracia con valentía
y no sintieron jamás el hálito de la aurora y su creación.
Por suerte ya todo pasó y ahora disfruto este canto del fulgor,
candente de los lazos del amor
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