Ana María Giordano
Poeta que no puede vivir sin el portal

Vida, tu me diste...
Vida, tu me diste un año más,
por este sempiterno camino
plagado con resplandores y sombras,
jugando escondidas con mis fantasías de años.
Y al espigar amor del bueno,
auténtico, sincero , urgente,
siento el latir como el primer néctar de la viña,
en este otoño que ya me invade, que llega...
¡Intenso!
Vida, tu me diste el sutil vino destilado de los mostos,
que embriagan y enajenan mis venas.
Ese rojo penetrante que me deleita,
porque tiene el bálsamo mentiroso
de la pasión que arrebata,
como si mi alma profesara, un renacer sin tiempo.
Vida, he recogido flores silvestres en primavera,
y frutos maduros en el estío,
que cuidé con delicadeza
para no ajar sus almas,
en esa,
su clara entrega.
Vida, peregriné tus prados alucinándome
con la hermosura de paisajes de ensueños;
con trinar de aves en un amanecer rosado,
percibiendo el fulgor de las estrellas,
pinté ilusionada la luna de plata,
bebí de la rosa el rocío,
y un hada
me hizo muchacha.
Y me entregué vida,
en el crepúsculo donde mi savia se hizo amor,
para reencarnar en pasión,
incitada por el sortilegio de la noche,
con los duendes silentes,
entre sábanas suaves de ternuras mansas...
Vida, tu me diste la magia
del vocablo hecho poesía,
¡para que pudiera decirte gracias!
Ana María Di Bert Giordano
25/07/2013
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