Vida

Bartleby - el alegre

Poeta recién llegado
Vida

Echado en el mueble
con la acústica de los muros,
con los nervios templados,
con el líquido frío
en la taza de rayas color salmón,
pienso, qué carajos
tengo que volver al trabajo,
las deudas del banco
al final prescriben,
y de tanto que me llaman,
a veces sin el señor,
sino más como sospechoso
de un crimen,
es que mi corazón dicta,
como dos dedos de bala en
un telégrafo de corte:
nadie es dueño de nada,
ni de sus soles, ni de sus mareas,
ni de la compañía
que se entrega de cuerpo y alma,
creer que el tiempo
vuelve, es tan falso como pensar
que el amor no tiene
condiciones,
pero no hay nada de malo en ello,
no hay nada de malo
en estar quieto,
ser un momento en la eternidad.
Ya no sé si la amo,
y en ello está el dilema,
y en ello está lo fantástico,
soplarme toda la guita, guitarra,
en irme a la playa
con mi nena,
que las fotos que me mando uf uf,
está muy guapa,
coger el coche, pagar el SOAT,
e ir con un par de six packs
a ir a ver el atardecer,
y todo ese campo de nado,
que es el mar,
por qué extraño el mar,
y quedandome tan cerca, a 15 minutos,
y luego, ir por pizzas
que cuestan un poco caro
pero que diablos se pasa tarjeta,
no habrá otra cuarentena
o quien sabe,
pero sigamos para adelante,
los Cioran, los Nietzsche de mi corazón,
los Zola, los Derrida, los Celan,
los jazzistas de Big Band,
mis bolsillos
de moneda de cinc, de cobre y de plata,
mi pantalón esos elásticos,
mis zapatillas Tommy de promoción,
el beso que tuve
y que doy, la plaza y el futuro,
el presente y tú,
nosotros,
ahora,
con nuestras manos hechas de pico y pala,
de construcción
y destrucción,
de poder abrazar a nuestros amigos,
de sentirnos geniales,
de esa fuerza vital de poder
levantarnos de cualquier mueble,
de cualquier suelo,
pues, sí está bien caernos un rato
pues nos sentimos humanos,
vivos, vivos y hermosos,
por qué tenemos la fuerza aún de poder
triunfar en esta tierra
donde ante toda dificultad
uno si pueda lograr ser feliz,
sabiendo que ésta no es permanente,
y eso es lo que lo hace magnífico,
poder navegar
hasta cuando el cuerpo diga basta,
como siendo sorprendidos
por un orgasmo cósmico.
 

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